Fin e integración del Legislativo


En un sistema republicano o parlamentario, la integración y la función legislativa son piedra angular. Nuestro paí­s no puede ni debe ser la excepción, toda acción por desprestigiar, menoscabar o reducir el Congreso debe considerarse y analizarse que es un hecho tendiente a afectar o destruir la democracia.

Juan Francisco Reyes López
jfrlguate@yahoo.com

No es un secreto que poderosos grupos económicos pregonan que el gobierno debe reducirse porque a sus intereses les es adecuada la existencia de un Legislativo pequeño al que puedan manipular.

En 1993, durante el rompimiento constitucional que produjera Jorge Serrano, se produjo – por una parte- la elección de Ramiro de León Carpio como Presidente y por otra se inició la denominada «depuración» del Organismo Legislativo donde se invirtieron millones en publicidad para lograrlo.

Algunos pensaron que la «depuración» era una acción cí­vica, que no estaba patrocinada económicamente y que era una reacción de lo que habí­a acontecido. Sin embargo, tristemente fuimos comprobando que existí­a un millonario patrocinio para la creación de spots, elaboración y diseño de publicidad y que la pauta no era gratuita sino muy bien pagada por los grupos de poder ocultos.

Fue también en el gobierno de Ramiro de León, quien violando la Ley Electoral y manipulando el censo, logró se convocara a la elección de sólo 80 diputados, complaciendo así­ a los grupos ocultos de poder, número que sin ningún fundamento técnico o legal reapareció en los Acuerdos de Paz.

Si en nuestro paí­s se adoptara un número de 80 legisladores, los perjudicados serí­an las minorí­as, si a ello se le agregara que se eliminara -para integrar el Congreso de la República- el Listado Nacional, se producirí­a un enorme retroceso, volverí­amos a las épocas en las que los lí­deres nacionales de los partidos tendrí­an que competir y/o desplazar a los lí­deres distritales, en conjunto la representatividad polí­tica e intelectual en el Legislativo se verí­a mermada. No serí­an diputados actualmente Eduardo Meyer, Manuel Castillo, Roxana Baldetti, Cesar Fajardo, Efraí­n Rí­os Montt, Manuel Baldizón, Nineth Montenegro, Mariano Rayo, Oliverio Garcí­a Rodas, Rubén Darí­o Morales, Mario Taracena, todos parte del listado nacional.

Si lo que se pretende es reducir el número de diputados, el procedimiento legal es variar la cifra repartidora y en lugar de que se elija un diputado por cada 80 mil ciudadanos, debe aumentarse el número de ciudadanos que cada legislador representa, manteniendo así­ la distribución proporcional de los representantes por distrito. En ese caso y utilizando el método D´Hondt no serí­an diputados por el distrito central: Juan Alcázar, Javier Hernández, Marco Antonio Solares, Rubén Mejí­a; por los municipios: Fredy Ruano, Leonardo Camey, Hugo Garcí­a, Luis Fernando Pérez, Armando Sánchez y Pablo Duarte. Lo mismo sucederí­a con los representantes de URNG y con el último diputado electo en los departamentos.

Contrario a debilitar el Congreso, deberí­a mejorarse integrándole al candidato presidencial y vicepresidencial que no triunfó en la segunda vuelta e igual que en Venezuela y Chile incorporar al presidente y vicepresidente salientes, logrando con ello mayor representatividad polí­tica nacional y más experiencia.