En esta última entrega sigo haciendo memorias de don Ramón Rodríguez como un hombre polifacético cuando obligado por su cargo siendo comisionado del Gobierno tuvo que cazar en solitario a un enorme jaguar que había devorado a su vecino. Otra vez también el tigre lo bajó de un tapesco mientras intentaba matarlo, un animal abusado que llegó hasta las casas para llevarse una marrana. En épocas difíciles don Ramón trabajó dos años brechando el límite con México hasta que el contratista desapareció de un día para otro. Luego sirvió de guía a unos ingenieros daneses que buscaban petróleo y los condujo hasta una cueva en donde manaba el crudo. Cuarenta años más tarde en ese mismo lugar los gringos perforaron el primer pozo en Guatemala.
Recuerdo que durante el Gobierno de Ydígoras Fuentes lo quisieron meter preso por haber derribado un enorme guaycibán, para hacer una canoa que las autoridades querían decomisar. Don Ramón me envió una carta que era una belleza y me fui con ella a buscar a don Clemente Marroquín Rojas, entonces Ministro de Agricultura. Me acompañaba mi papá con quien se conocían de oídas y lo vimos llegar a La Hora caminando sin guardaespaldas, bien trajeado y con sombrero al estilo de la gente de antes. Amablemente leyó la carta y nos ofreció arreglar el asunto y así fue porque la canoa siguió surcando el río, aquel querido viejo alcanzó a ver una de las maravillas del siglo, la llegada del hombre a la luna. Navegábamos una noche bajo el cielo estrellado en el Río de la Pasión cuando viendo a la luna oímos por nuestra radio la voz del astronauta Armstrong, que caminaba en el espacio a miles de kilómetros.
Don Ramón se había establecido en Buena Vista cerca de Sayaxché, ahí lo conocimos. Vivía sencillamente casi que con pobreza, pero dueño de una dignidad y una sabiduría impresionante. Su tesoro era una pila de Selecciones y revistas del tiempo de la Segunda Guerra Mundial. Su conocimiento de la selva y de la vida y su conversación matizada con palabras que usaba a su modo lo hacían a uno pasar horas oyéndolo extasiado.
El Río de la Pasión, hoy como ayer, se extiende desde Sayaxché siguiendo la corriente unas treinta leguas hasta encontrarse con el Salinas para formar juntos el Usumacinta. Al inicio de ese recorrido se encuentra San Juan de Acúl, un lugar en donde construyeron a finales de 1960 un campo de aterrizaje y algunos barracones. Fue cuando se preparaba la invasión a Bahía de Cochinos y sirvió como campo de internamiento para los desafectos entre los soldados cubanos que se entrenaban en la Finca Helvetia en Retalhuleu. Ahí llevaban a los que se iban cansando o a los bocones que hablaban demasiado. Luego de la invasión dejó de utilizarse y al cabo del tiempo se lo comió la selva.
En la confluencia del Pasión con el Salinas nos encontramos en marzo de 1959 avilizarse y una que otra vez bajaba ahue hablaban demasiado . cubanos que se entrenaban en la Finca Helvetia en Retalhuleu con unos arqueólogos de la Universidad de Pennsylvannia que habían desenterrado lo que hoy se conoce como el Altar de Sacrificios, un Tesoro del Mundo Maya que fue saqueado aserrando algunas estelas para sacarlas del país. Siguiendo el Salinas, río arriba, no había ningún ser viviente hasta llegar a los límites con Alta Verapaz a tres a cuatro días de viaje hasta un lugar conocido como Quimalá en donde el río dejaba de ser el límite entre México y Guatemala, para serlo entre los departamentos de Alta Verapaz y Quiché. Todo aquello eran selvas pobladas por grandes árboles con playones de arena refulgente, los animales estaban a la vista o por lo menos muy cerca de la orilla. Para la época de Semana Santa las aguas del río aseguraban a los pescadores cientos de quintales de pescado que se secaban al sol para la venta.
Quimalá está en el lugar donde hoy se encuentra la explotación petrolera de Rubelsanto cerca de la cueva mapeada por los daneses que condujo don Ramón. Entonces no vivía ahí más que una familia y cuando llegamos encontramos al dueño de la casa moribundo con un absceso de gran tamaño en la región pectoral. El próximo poblado Chisec quedaba a cuatro días de camino, por lo que sin dudar lodo Chisec quedaba a cuatro dias de camino porpor Don Ram_____________________________________________________________ amarramos a su camastro después de darle media botella de ron y procedimos a drenarlo con lo cual el hombre sobrevivió.
El Río Icbolay desemboca arriba de Quimalá. En una vuelta del río allá por los setentas nos encontramos con algo que nos sobrecogió como si se tratase de un animal prehistórico, era un tractor que había abierto una brecha desde el campo petrolero que luego terminaría en Cobán y fue el anuncio brutal que aquel paraíso estaba por desaparecer. Arriba del Icbolay se encontraba Tortugas, un Campamento de la Getty Oil Company que transportaba en un lanchón hacia y desde Sayaxché hombres y animales. En ese lugar es donde el Chixoy toma el nombre de Salinas y lo que sigue hacia arriba es un río correntoso que pasa por la desembocadura del arroyo Tzejá, el lugar donde hoy está la población de Playa Grande, ahí tampoco existían vivientes sino hasta muy adentro, cerca del río Ixcán. Por esos rumbos entró la guerrilla del EGP allá por los setentas, tal como lo describe Mario Payeras en su libro Días de la Selva.
Con los años aumentó el tráfico en el río, apareció la carretera de Cobán y también las Cooperativas. Hombres, mujeres y niños llegaron o fueron dejados en aquellos lugares inhóspitos sin ninguna asistencia más que sus manos para sembrar y esperar el fruto, luego con la marea humana llegaron los narcotraficantes, los pillos disfrazados de autoridades y la lucha armada que acabó de sembrar el caos. Los descombros fueron cada vez mayores a lo largo de los más de trescientos kilómetros que se recorrían desde Sayaxché a Playa Grande, aquel mundo mágico había terminado.