La noticia acaparó la portada de todos los medios de comunicación, las agencias internacionales de información iniciaron una cobertura especial y, seguramente, en Cuba no se habla de otra cosa: Fidel Castro, el líder de la Revolución, anunció que no aceptará la reelección como Presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe. «No me despido de ustedes. Deseo sólo combatir como un soldado de las ideas», expresó en un mensaje difundido por el órgano oficial, Granma. La noticia puso fin al ambiente de expectativa que se generó desde que Fidel abandonó el cargo, de manera provisional, el 31 de julio de 2006 como consecuencia de su delicado estado de salud.
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Pese a los años y el asedio mundial, el líder cubano ha manifestado, hasta el último momento, la entereza que posee para demostrar, como bien lo definió el periodista e intelectual Ignacio Ramonet que, «bajo su dirección, su pequeño país (poco más de 100 mil kilómetros cuadrados y de 11 millones de habitantes) ha podido conducir una política de gran potencia a escala mundial, llegando, incluso, a echar un pulso a Estados Unidos, cuyos dirigentes no han conseguido derribarlo, ni eliminarlo, ni tan siquiera modificar el rumbo de la Revolución Cubana».
Eso, precisamente, es lo que el Gobierno de Estados Unidos y los principales sectores conservadores y reaccionarios de ese país norteamericano y de la región latinoamericana, incluyendo Guatemala, no le perdonan a Fidel. Por eso los representantes del Gobierno estadounidense mantienen un bloqueo económico desde hace 49 años que le ha costado a la isla unos 90 millones de dólares, mismo sector que promueve el salvajismo del capitalismo y que celebran cada reto que la población cubana debe afrontar para proteger la Revolución.
Fidel ha dado importantes lecciones a la humanidad, principalmente a la que cree en la construcción de una sociedad en donde el ser humano tenga un valor inherente por su mera existencia y no por lo que tiene, y con la decisión de no asumir nuevamente el poder podrá acompañar al pueblo cubano que deberá defender, contra todos los pronósticos y deseos de sus principales opositores, los avances sociales alcanzados durante todos estos años de Revolución, como los bajos índices de analfabetismo y de desnutrición crónica, así como el pleno acceso a la educación.
Hoy, lejos del desmoronamiento de la Unión Soviética y del mundo bipolar, poco puede entenderse una administración tan larga como la que desarrolló Fidel, pero el caso de Cuba, tan cerca de su principal opositor, es excepcional.
«El paraíso no existe», me advirtió un amigo mío y de las ideas socialistas de Cuba antes de viajar a la isla. Quienes construyen cada día la Revolución están conscientes de los errores que deben superarse y de los retos que plantean las necesidades de un pueblo que puede estar cansado del bloqueo, pero que mantiene a toda costa su dignidad.