Carencias, rezagos y grandes brechas


De acuerdo con el  Programa Observatorio Centroamericano de las Polí­ticas Educativas, Guatemala, como el resto de Centroamérica, adolece de la carencia de recursos económicos, lo que repercute en la baja calidad de la educación.

La carencia de recursos económicos, la escasa correspondencia entre los programas y las necesidades de las localidades, y las grandes brechas socioeconómicas y de género, determinan la baja calidad de la educación en Centroamérica, según un estudio dado a conocer ayer en Costa Rica.


Las conclusiones derivan de un muestreo efectuado entre cientos de escuelas en los seis paí­ses del Istmo (Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá), por el Programa Observatorio Centroamericano de las Polí­ticas Educativas, en el cual participan organizaciones magisteriales y la Universidad de Centro América (IDEUCA), con sede en Managua.

«Cada paí­s tiene sus especificidades en materia educativa, pero hay tendencias que son comunes a toda la región» y algunas de ellas son preocupantes, manifestó en conferencia de prensa Marí­a Trejos, responsable del Observatorio en Costa Rica.

Uno de los problemas es la existencia de brechas entre géneros, entre lo urbano y lo rural, y entre distintos sectores socioeconómicos en las zonas urbanas, señaló Trejos.

«Por ejemplo, en la mayorí­a de los paí­ses de Centroamérica, en los primeros años de escuela primaria hay una matrí­cula bastante equitativa entre niños y niñas. Sin embargo, conforme aumenta el nivel educativo aumenta la «deserción» de las niñas, de manera que en secundaria y educación superior se presenta una verdadera brecha entre hombres y mujeres», acotó.

Por otra parte, los gobiernos del istmo destinan muy pocos recursos a proveer ciertos complementos necesarios al sistema educativo, tales como becas, útiles escolares y alimentos para los niños de menores recursos.

La investigación revela, por ejemplo, que los centros educativos en Guatemala y El Salvador no disponen de becas para distribuir entre sus estudiantes, mientras que en Honduras y Nicaragua la cantidad de beneficiarios es insignificante en relación con las necesidades.

En todo el istmo, la carencia de libros de texto y otros útiles escolares afecta entre el 43 y el 96% de las escuelas.

Sólo en Costa Rica y Panamá se ha logrado proveer de computadoras a las instituciones educativas en porcentajes cercanos al 70%, en el resto de la región el acceso a la tecnologí­a informática es nula o muy escasa, señala el estudio.

Otra de las grandes deficiencias del sistema educativo de Centroamérica es que los programas están totalmente descontextualizados, pues no toman en cuenta las necesidades de sus entornos, opinaron la inmensa mayorí­a de los centros educativos consultados.

Esta deficiencia se ve agravada por la existencia de una relación vertical entre las autoridades educativas que «emiten directrices rí­gidas» y los maestros y maestras que «estamos viviendo las necesidades, inquietudes e incluso los conflictos familiares, sociales, culturales y económicos en nuestras comunidades, sin que se tome en cuenta nuestro criterio», afirmó Trejos.

Finalmente, los investigadores advirtieron que la tendencia a traspasar el control de la educación pública a los gobiernos municipales, conlleva peligros muy serios.

«En la fachada, estos procesos son para democratizar la educación, pero en el fondo lo que se busca es que el estado se deshaga de sus responsabilidades en el proceso educativo. Así­ se pierde el control curricular del estado y los centros educativos pasan a depender de las vicisitudes polí­ticas de los partidos locales», advirtió Trejos.

El Salvador es el paí­s que más ha avanzado en la llamada «municipalización» del sistema educativo, con su programa «Educo», pero en otros paí­ses del istmo se está intentando poner a prueba este nuevo sistema de descentralización.

Uno de los problemas es la existencia de brechas entre géneros, entre lo urbano y lo rural, y distintos sectores socioeconómicos en las zonas urbanas.