Casi treinta años después de su legalización, el aborto irrumpió esta semana en la campaña electoral italiana tras la controvertida idea de un ex comunista consejero y amigo del líder conservador Silvio Berlusconi de promover una moratoria mundial.
El resurgir de la polémica sobre el aborto alborotó el clima político en toda la península y como en la década del 70, miles de mujeres salieron a desfilar espontáneamente el jueves en numerosas ciudades para defender la ley que autoriza el aborto, adoptada en 1978 tras una larga y dura batalla.
La manifestación, convocada por distintas asociaciones feministas a través de mensajes por teléfono móvil, es la primera respuesta masiva contra la ofensiva de los partidos conservadores, apoyados por la Iglesia católica, que consideran el aborto como un «asesinato».
El detonante de la protesta fue la inexplicable intervención de la policía al inicio de semana en un hospital de Nápoles (sur) para verificar la legalidad de un aborto terapéutico.
La llegada de siete carabineros al pabellón de ginecología del hospital universitario Federico II de Nápoles para interrogar a la mujer, de 39 años, que acaba de realizar un aborto terapeútico tras descubrir que el feto presentaba una anomalía cromosómica, desató la indignación y la cólera de miles de mujeres italianas.
La denuncia, hecha por un anónimo, acusaba a la mujer de haber asesinado a un feto, por lo que la policía, la justicia y los médicos tuvieron que intervenir generando un verdadero escándalo.
«Â¿Usted que habría hecho? Me llamaron diciéndome que una mujer estaba tirando su feto en el inodoro», admitieron los agentes de policía que dieron la órden.
A la movilización feminista han adherido personalidades históricas, entre ellas la escritora Dacia Maraini, quien criticó la injerencia de la Iglesia en los asuntos de Italia.
En una carta, firmada por doce intelectuales y publicada por la revista MicroMega, pide a los líderes de la izquierda que den una respuesta «clara e inequívoca» a la «ofensiva clerical» contra el aborto.
La ofensiva de la Iglesia comenzó a inicios del año cuando los cuatro directores de facultades de medicina de Roma, tanto laicos como católicos, llamaron a aplicar terapias intensivas a aquellos fetos que presenten signos de vida tras un aborto.
El mismo papa Benedicto XVI terció en la polémica a inicios de febrero y llamó a «respetar, defender y promover la vida humana tanto antes del nacimiento como en su fase final».
«Hay un clima de caza de brujas», admitió esta semana la ministra de Salud, Livia Turco, quien criticó la posición «poco amorosa» de la Iglesia al imponer asuntos de carácter ético en plena campaña electoral por las legislativas del 13 y 14 abril próximos.
La indignación ha aumentado ulteriomente con la creación de la lista electoral independiente «Aborto-No gracias» por parte de Giuliano Ferrara, el célebre «ateo devoto», director del diario conservador Il Foglio y amigo y ex ministro de Berlusconi.
Según Ferrara «se hicieron mil millones de abortos en los últimos 30 años en el mundo y cada año se realizan unos 50 millones, demasiado», escribió en la revista Panorama.
Pese a que podría sustraerle votos a su amigo Berlusconi, Ferrara está empeñado en convertirse en el emblema de la defensa de la vida y propone una moratoria mundial de la interrupción voluntaria del embarazo con el apoyo de las jerarquía de la Santa Sede.
Una propuesta que quiere promover también ante la ONU, tal como lo hizo Italia con la pena de muerte, «olvidando el drama que constituye el aborto clandestino», le recordó ayer el líder radical Marco Panella, entre los líderes laicos que promovieron la legalización del aborto hace más de un cuarto de siglo.