Estados Unidos decidió abatir con un misil un satélite espía incontrolable antes de que se estrelle contra la Tierra con sus tanques llenos de una sustancia tóxica.
El satélite de 1,1 toneladas aproximadamente, que se desvió de su órbita hace varias semanas, será destruido por un misil táctico disparado por la marina estadounidense.
El presidente George W. Bush «ordenó al departamento de Defensa proceder a la intercepción», anunció ayer el consejero adjunto a la Seguridad Nacional, James Jeffrey.
Estados Unidos nunca procedió a la destrucción de un aparato en el espacio exterior pero su defensa antimisiles está preparada para ello.
China provocó protestas en el mundo entero tras haber derribado en enero de 2007 un satélite meteorológico con órbita baja.
Jeffrey precisó que la decisión fue tomada a causa del riesgo para la vida humana que supone la entrada en la atmósfera terrestre de este satélite, todavía cargado con 500 kilos de un combustible altamente tóxico llamado hidrazina, empleada para alimentar los motores de los satélites clásicos.
La hidrazina, extremadamente irritante, ataca el sistema nervioso central y puede ser letal, pero se degrada rápidamente por el efecto del calor y de los rayos ultravioletas, según un informe de la agencia francesa de seguridad INERIS.
Por su lado, los responsables estadounidenses refutaron la idea de que su decisión de derribar el satélite esté motivada por la voluntad de proteger datos secretos o para probar la capacidad de una defensa antisatélites.
El misil que será disparado «fue concebido para otras misiones, pero concluimos que podríamos reconfigurar a la vez los misiles y los sistemas asociados, de modo reversible y justo com opara realizar el lanzamiento», precisó el consejero de seguridad.
Un crucero lanzamisiles de clase Aegis disparará un misil SM-3 hacia el tanque de combustible del satélite, y las autoridades estadounidenses esperan que ese tiro sea un éxito, dijo el general James Cartwright, jefe de estado mayor adjunto.
Segun él, el obje tivo es impactar al satélite de modo que sus restos penetren en la atmósfera y caigan en el océano.
«Ese es nuestro objetivo: deshacernos de la substancia (tóxica del combustible) y que (los restos del satélite) caiga en el océano», dijo Cartwright, precisando que el disparo se efectuaría dentro de tres o cuatro días.
Estados Unidos dispone de la red de satélites espías más densa del mundo. Las características de estos satélites, cuyo precio unitario supera los mil millones de dólares, están amparadas bajo secreto.
Algunos de ellos están equipados con un teléscopo óptico, otros con un rádar y, permiten reconstruir imágenes en relieve de las zonas observadas.
Para responder a las necesidades militares, la órbita de los satélites espías son corregidas en forma frecuente, lo cual implica que lleven más reservas de combustible que la mayoría de los satélites de uso civil.
La decisión del Pentágono de destruir uno de sus satélites espías que amenaza con entrar en la atmósfera, aparentemente por el peligro que representa su carburante tóxico, ha dejado perplejos a los científicos, si bien no temen que la operación revista especiales riesgos.
«Estoy bastante sorprendido de que se hable de un riesgo, puesto que no es la primera vez que un vehículo entra» en la atmósfera con una reserva de hydrazine, señala el director del Centro Espacial de Toulouse (Francia), Marc Pircher.
Si bien el hydrazine es «relativamente tóxico» también es «bastante inestable» por lo que se descompone «a unos cuantos centenares de grados» celsius, transformándose en un gas inofensivo, prosigue este experto.
Como la entrada en la atmósfera supone un calentamiento de cerca de 2 mil grados, la destrucción de la reserva de carburante del satélite sería prácticamente segura.
Los estadounidenses justificaron su plan de destruir con un misil el satélite, que contiene cerca de 500 kilos de hydrazine, en el riesgo que supondría para la vida humana.
Se trata de una sustancia química tóxica utilizada como carburante para los motores de los satélites clásicos.
En contacto con el ser humano, el hydrazine es extremadamente irritante, ataca el sistema nervioso central y puede ser mortal en altas dosis.
Pero, como reafirma por su parte la agencia francesa de seguridad Ineris, se degrada rápidamente bajo el efecto del calor y los rayos ultravioletas.
Entre otras hipótesis barajadas entre los círculos espaciales para explicar la decisión de Estados Unidos, figuran los espejos de berilio embarcados a bordo del satélite.
El berilio, según Pircher, «puede llegar prácticamente íntegro a la Tierra», sin ser destruido al entrar en la atmósfera, puesto que resiste temperaturas de hasta 1 mil 800 grados. Es tan tóxico como el polvo de amianto.
E incluso fragmentando el vehículo «no se reducen» los riesgos para la población, según este especialista.
Respecto al peligro de contaminación del espacio que supone la destrucción del satélite, Pircher explica que «generará muchos residuos, pero no tendrán una larga duración de vida».
El satélite espía se hallará probablemente en el momento de destrucción a unos 200 km de altitud, allí donde la atmósfera es considerablemente densa, por lo que los pedazos resultantes de la explosión serán frenados por ésta y no subirán demasiado.
Justamente lo contrario de lo que pasó con un satélite chino destruido por un misil en enero de 2007: al encontrarse a 850 km de altura, sus restos fueron propulsados y alcanzaron hasta los 4 mil km.
«Habrá que asegurarse de que no afecte a las órbitas de trabajo, incluida la de la Estación Espacial Internacional (ISS)», que se halla a unos 340 km de altitud, dice Pirchner, algo de lo que se encarga el NORAD, el mando de la Defensa Aeroespacial Norteamericana, que puede intervenir ante riesgos de colisión.
Pero «habrá que seguir muy de cerca (la destrucción del satélite) puesto que se producirá en una órbita inclinada cercana a las de la ISS y a la del lanzamiento el próximo 8 de marzo del ATV», la futura nave espacial europea de la Estación.