Los paquistaníes acuden el lunes a las urnas en unas legislativas que amenazan con desestabilizar aun más a esta potencia nuclear y que determinarán el futuro del presidente Pervez Musharraf, un aliado clave de Estados Unidos en la «guerra contra el terrorismo».
La campaña para los comicios legislativos y provinciales se vio brutalmente afectada por el asesinato de la líder opositora Benazir Bhutto en diciembre y salpicada por crecientes denuncias de fraude a favor de los aliados de Musharraf.
Musharraf, que en 2007 destituyó a varios jueces para asegurarse su reelección en un segundo mandato presidencial, puede verse enfrentado a una destitución por prevaricación si la oposición gana más de dos tercios de los escaños.
El Partido del Pueblo Paquistaní (PPP) de Bhutto amenazó con desatar protestas si considera que le roban la victoria, en una iniciativa que puede agravar la crisis en que ya está sumido el país, con posibles repercusiones mundiales.
«Las elecciones tienen una importancia crítica porque determinarán el futuro de Musharraf», explicó el analista político y columnista Sharqat Mehmood.
«Cualquiera que sea el resultado, se avecinan tiempos muy difíciles para Musharraf y un periodo de inestabilidad», agregó.
Pakistán se ha visto sacudido en los últimos meses por una oleada de atentados suicidas, incluido el que mató a Bhutto al término de un mitin electoral en diciembre y obligó a aplazar las elecciones, inicialmente previstas para el 8 de enero.
Decenas de miles de soldados fueron desplegados en todo Pakistaán esta semana para proteger los edificios gubernamentales, los cerca de 64 mil colegios electorales y al millar de observadores internacionales y periodistas.
La violencia borró de un soplo el ambiente habitualmente festivo de las campañas electorales en Pakistán y suscitó el desencanto entre los 80 millones de votantes, aproximadamente la mitad de la población del país.
La inestabilidad también incrementó la preocupación en Washington y otras capitales occidentales sobre la capacidad de Musharraf para atajar la creciente presencia de insurgentes talibanes y afines a Al-Qaeda en las zonas tribales fronterizas con Afganistán.
Musharraf, ex general de 64 años que se hizo con el poder gracias a un golpe de Estado en 1999, ha visto recientemente su popularidad caer en picado en los sondeos realizados por organizaciones extranjeras.
El presidente prometió ayer que las elecciones serán libres, justas, transparentes y pacíficas, al tiempo que desmentía las acusaciones de fraude.
Pero también advirtió que no toleraría protestas de la oposición si ésta no acepta el resultado de los comicios.
«No se permitirán disturbios ni violencia. Si la gente piensa que puede salir a la calle tras las elecciones, no se permitirá nada por el estilo», afirmó.
Musharraf, que recibió 10 mil millones de dólares en ayuda estadounidense desde que retiró el apoyo de Pakistán al régimen de los talibanes en Afganistén en 2001, también llamó a sus aliados a no abandonarlo.
«Esta región es esencial para el mundo», afirmó en un discurso televisado.
La política paquistaní se decide fundamentalmente por lealtades de clan a escala local. Pero el destino político de Musharraf dependerá en última instancia del viudo de Bhutto, Asif Ali Zardari, y de Nawaz Sharif, el ex primer ministro derrocado en el golpe de Estado del actual presidente.
Zardari declaró esta semana que decidiría «cómo sacar a la gente a las calles y cómo crear suficiente agitación política» para denunciar eventuales fraudes.
Sharif se negó de antemano a trabajar con Musharraf tras las elecciones, pero Zardari se mostró más prudente, y afirmó que formaría un «gobierno de unidad» si gana las elecciones.
La policía detuvo a un quinto sospechoso en relación con el asesinato de la ex primera ministra paquistaní y dirigente opositora Benazir Bhutto, perpetrado el 27 de diciembre en la periferia de Islamabad, anunció hoy un investigador.
«Abdur Rasheed es un miembro clave del grupo» que ha organizado el ataque «y está implicado en el abastecimiento de armas a otros miembros», indicó un responsable de las investigaciones que pidió el anonimato.
Según esta fuente, el sospechoso no estaba en Rawalpindi, lugar del atentado que se produjo al término de un mitin de Bhutto, que también costó la vida a otras 23 personas.
Un primer sospechoso, un adolescente de 15 años, fue detenido por casualidad en enero en el noroeste del país. Uno de sus allegados también fue detenido.
Otros dos sospechosos, presentados por los investigadores como elementos clave de la conspiración, fueron arrestados a principios de febrero en Rawalpindi.
Amnbos dijeron que estuvieron en el lugar del crimen y que albergaron al suicida, identificado como Bilal, la noche antes del atentado, en una casa de Rawalpindi, indicó a la prensa el policía que dirige la investigación.
El gobierno del presidente Pervez Musharraf había acusado a un comandante de los talibanes paquistaníes de las zonas tribales, Baitulla Mehsud.
El Partido del Pueblo de Pakistán (PPP) que lideraba Benazir Bhutto sospecha abiertamente de los caciques del régimen de Musharraf y de sus servicios de inteligencia de haber ordenado el asesinato de la ex primera ministra.