Tres años después de rechazar por referendo el proyecto de Constitución de la UE, Francia ratificó oficialmente hoy el Tratado Europeo, negociado hace dos meses en Lisboa.
La adopción del nuevo documento, firmado por el presidente Nicolas Sarkozy, quedó oficializada con su publicación en el diario oficial.
Previamente había sido ratificado por el Parlamento francés tras una modificación de la Constitución.
Sarkozy escogió la vía parlamentaria, considerada menos arriesgado desde el punto de vista político que la convocatoria de un nuevo referendo.
Francia es el primer país fundador de Europa que adopta oficialmente el Tratado y el quinto país que lo aprueba, después de Hungría, Eslovenia, Malta y Rumania.
Firmado en Lisboa el 13 de diciembre de 2007 por los 27 Estados miembros de la Unión Europea, el Tratado sustituye al proyecto de Constitución europea rechazado por cerca del 55% de los franceses en el referéndum celebrado el 29 de mayo de 2005.
El objetivo es que la totalidad de miembros la hayan ratificado antes del final de 2008 para que pueda entrar en vigor el 1 de enero de 2009.
El nuevo texto incluye una serie de novedades, entre ellas la enmienda de dos documentos «fundadores» (el Tratado de Roma de 1957 sobre la Comunidad Europea y el Tratado de Maastricht en 1992), como ya lo habían hecho los Tratados de Amsterdam (1996) y Niza (2000).
Se eliminan los términos que puedan asimilar la UE a un Estado federal, como «Constitución» o los símbolos (bandera, himno y divisa), aunque estos últimos seguirán existiendo.
El Tratado otorga carácter vinculante a la Carta de Derechos Fundamentales. Los 54 artículos artículos de ese documento, que definen los derechos de los ciudadanos (libertad, igualdad, derechos económicos y sociales), fueron proclamados ayer en el Europarlamento en Estrasburgo.
En lugar de una presidencia rotativa semestral, los jefes de Estado y de gobierno elegirán un presidente del Consejo Europeo que tendrá un mandato de dos años y medio. El sistema de rotación continuará funcionando en cambio para la presidencia de los consejos de ministros (Economía, Medio Ambiente, Justicia, etc).
El «Alto Representante de la UE para la Política Exterior y la Seguridad», actualmente Javier Solana, se convertirá en vicepresidente de la Comisión Europea y coordinará toda la acción externa de la UE.
El campo de decisiones adoptadas por mayoría cualificada se amplía a unas cuarenta nuevas áreas, principalmente la cooperación judicial y policial.
La unanimidad seguirá siendo necesaria para la política exterior, la fiscalidad, la política social o la revisión de Tratados.
Una decisión podrá ser adoptada por mayoría cualificada si obtiene el apoyo de 55% de los Estados miembros que representen 65% de la población de la UE. Pero la aplicación de este sistema fue postergada hasta 2014, con una posible extensión de tres años más, a fin de responder a una exigencia de Polonia que obligó a buscar un compromiso.
El Tratado introduce nuevos objetivos como una política común energética y la lucha contra el cambio climático. Además, reconoce la importancia de los servicios públicos e introduce una «cláusula social».
La «libre competencia sin trabas», que había provocado una polémica en Francia durante el referendo de 2005, ya no es un objetivo, sino un medio necesario para el buen funcionamiento del mercado interno.
El Tratado introduce la posibilidad de que un país abandone la Unión en condiciones a negociar con sus socios.
Mientras que la Constitución reemplazaba todos los acuerdos firmados por un texto único, el nuevo tratado enmienda dos documentos «fundadores» (el Tratado de Roma de 1957 sobre la Comunidad Europea y el Tratado sobre la UE de Maastricht en 1992), como ya lo habían hecho los tratados de Amsterdam (1996) y Niza (2000).
Se eliminan los términos que puedan asimilar la UE a un Estado federal, como «Constitución» o los símbolos (bandera, himno y divisa), aunque estos últimos sigan existiendo.