Bagdad ha recuperado cierta estabilidad gracias a un ambicioso plan de seguridad estadounidense-iraquí aplicado desde hace un año, pero la reconciliación política que debía acompañarlo aún no se ha logrado, admitieron hoy responsables iraquíes.
«La reconciliación se hace esperar», declaró el diputado kurdo Mahmud Othman. «Esta reconciliación tendría que haberse concretado poco después de la caída del régimen de Saddam Hussein (en 2003). Pero las venganzas, la incomprensión y la obstinación dominaron todo», agregó.
Aunque Bagdad se encuentra sacudida por menos explosiones que antes y en las calles ya no se escucha el estruendo de los combates entre los insurgentes y las fuerzas de seguridad, la capital no está a salvo de los atentados.
Esta calma relativa acompañó una tendencia general a la disminución de la violencia en el país, donde el número de iraquíes muertos –civiles y militares– en enero fue de 541, en comparación con 2.087 en enero de 2007.
El gobierno adjudicó esta mejora a la operación «Fardh al Qanun» (Imponer la ley) que sus servicios de seguridad lanzaron en Bagdad el 14 de febrero de 2007, movilizando a miles de policías y militares, apoyados por el ejército estadounidense.
Este esfuerzo iraquí, que permitió restablecer la calma en barrios que habían sido abandonados por sus habitantes y en otros donde los vecinos no se atrevían a salir de sus hogares, coincidió con la decisión norteamericana de enviar refuerzos a Irak.
A partir de esa fecha, bajo las órdenes del general David Petraeus, el contingente estadounidense recibió 30 mil soldados más, llegando a mediados del año pasado a 160 mil hombres y mujeres uniformados desplegados en Irak.
Pero esta mejora de la seguridad, lejos de favorecer la serenidad política, desembocó en un aumento de la tensión entre las diversas comunidades.
Los sunitas, favorecidos durante la era de Saddam Hussein, se sienten excluidos del poder, dominado actualmente por los chiitas y los kurdos.
«Ellos exhortan a la reconciliación política, pero esto no se logrará a menos que se establezca la confianza entre los partidos políticos y los grupos religiosos», dijo Adnan al Dulaimi, jefe del Frente Iraquí de la Concordia Nacional (sunita). «Nosotros no podemos salir de la crisis sin una asociación política», añadió.
El gobierno del primer ministro Nuri al Maliki fue reducido a 17 ministros, y no logra encontrar candidatos para las carteras abandonadas por seis chiitas radicales, cinco «laicos» y cinco sunitas.
«Las organizaciones políticas en el gobierno y el parlamento sufren una crisis de confianza», explicó Mariam al Rayess, una ex asesora chiita de Maliki. «Los partidos se temen entre sí», agregó.
Nada indica que la relativa estabilización de la seguridad se mantenga el tiempo suficiente para permitir que se escuchen los llamados a la normalización. El 1 de febrero, dos mortíferos atentados dejaron casi 100 muertos en pleno centro de Bagdad.