El magnate de las comunicaciones y ex primer ministro conservador italiano Silvio Berlusconi, conocido con el apodo de «el Caimán» por su astucia, se lanzó esta semana por quinta vez para las elecciones legislativas de abril como el único líder capaz de gobernar Italia.
El hombre más rico de Italia, que perdió por un puñado de votos las elecciones del 2006 y que invocó por 20 meses la caída de su histórico adversario de centroizquierda Romano Prodi, salió como el gran ganador de la reciente crisis política.
Con la convocatoria esta semana de elecciones anticipadas para el 13 y 14 de abril, tan sólo dos años después de que Prodi llegara al poder, y tras el fracaso de toda negociación para evitarlas, Berlusconi, de 71 años, se perfila por tercera vez como el próximo jefe de Gobierno.
Pese a las críticas y controversias que suscitó su segundo mandato (2001-2006) y a las divisiones internas dentro de su propia coalición, que casi se desintegra hace sólo dos meses, Berlusconi sigue siendo el «líder máximo» de la derecha italiana.
Con un golpe estratégico, reunificó ayer a parte de sus huestes bajo una sola bandera y un partido único, bautizado el «Pueblo de las Libertades», fruto de la fusión entre la derecha de Alianza Nacional (AN) y su propia formación Forza Italia (FI).
Una jugada sorprendente que tiene como objetivo debilitar a su joven adversario, el popular alcalde Roma, Walter Veltroni, de 52 años, un excomunista admirador de los Kennedy, quien decidió concurrir solo, sin aliados, con el Partido Democrático (PD) a las elecciones.
Veltroni, que se presenta como el «rostro nuevo» de la izquierda moderada, líder incontestable del nuevo PD, fundado en octubre por los moderados de La Margarita y los ex comunistas de Democráticos de Izquierda (DS), prometió enterrar definitivamente la era del «antiberlusconismo».
Para recuperar su electorado, decepcionado por las divisiones internas y los escasos resultados, Veltroni promete una campaña moderna, marcada por un programa con «posiciones claras, unívocas», dijo.
Si bien su estrategia ha sido duramente criticada por los pequeños partidos de la izquierda radical y los verdes que la consideran «loca» e «irresponsable», Veltroni, un veterano de la política, está determinado a jugarse el todo por el todo.
En el otro frente, «El caimán», llamado así por el último filme de Nanni Moretti, en el que el refinado cineasta interpreta irónicamente al hábil empresario de las comunicaciones convertido en político desde hace 15 años, Berlusconi trabaja para ganar las elecciones con amplia ventaja.
«El Pueblo de las Libertades está abierto a todos, pueden entrar todos los ciudadanos italianos, liberales y moderados, que no se reconocen en la izquierda», anunció Berlusconi desde uno de sus canales de televisión.
«Es parádojico que los mayores partidos de Italia quieran presentarse en solitario cuando la controvertida ley electoral adoptada por el mismo Berlusconi premia a las coaliciones», comentó el politólogo Guido Moltedo.
La llamada «pastilla envenenada» de la ley electoral, acusada de provocar la actual inestabilidad política, impide en la práctica la creación de mayorías fuertes, pues privilegia fuertemente a los pequeños partidos, que con pocos votos pueden condicionar a toda una coalición.
La crisis que determinó la renuncia de Prodi fue provocada por el partido democratacristiano UDEUR de Clemente Mastella que en las elecciones había obtenido tan sólo el 1,4% de los sufragios.
Una anomalía que los dos mayores líderes de la política parecen querer resolver esta vez a su manera.