A medida que se acerca la proclamación de la independencia de Kosovo, los países de la Unión Europea se preparan para reaccionar de manera diferente y algunos de ellos podrían no reconocerla, más allá de la muestra de unidad del bloque ante la comunidad internacional.
Desde hace varios meses, los responsables de la UE se esfuerzan en armonizar sus posiciones frente a la independencia de la provincia serbia de mayoría albanesa, ubicada en una región de los Balcanes clave para la estabilidad del Viejo Continente y llamada a entrar un día al club europeo.
Con la fecha del 17 de febrero sonando cada vez más fuerte para la proclamación del nuevo Estado, las consultas entre las capitales europeas se multiplicarán la semana próxima para encontrar una declaración «aceptable para todos».
Esta declaración podría ser dada a conocer por los cancilleres de los 27 miembros del bloque en su reunión del 18 de febrero en Bruselas, indicaron fuentes diplomáticas europeas.
Pero como la UE no tiene competencia para reconocer un Estado, esta cuestión quedará a cargo de cada país, sin «fórmula mágica», subrayó un diplomático.
«Muchos siguen mostrándose indecisos, aunque una cosa es segura: no todos los países reconocerán la independencia», reconoció otro.
Seis países, entre ellos España, son hostiles al reconocimiento de esta independencia rechazada por los serbios.
El más reacio es Chipre, que podría incluso no reconocer a Kosovo como Estado, a raíz del conflicto que vive la isla desde la independencia autoproclamada de la República Turca de Chipre del Norte (RTCN).
España, Grecia, Bulgaria, Rumania y Eslovaquia también se oponen, ya sea porque se enfrentan a movimientos separatistas en sus fronteras o porque tienen buenas relaciones con Serbia.
Los serbios siempre se han negado a perder Kosovo, administrado por la ONU desde 1999, y cuestionan la legalidad de esta independencia con el apoyo de Rusia, que prometió vetar el ingreso del nuevo Estado de los Balcanes a Naciones Unidas.
Frente a los hostiles se encuentran los «pioneros» de la independencia, entre ellos cuatro grandes de la UE: Gran Bretaña, Francia, Alemania e Italia.
Esos países, al igual que Estados Unidos, manifestarán probablemente su intención de reconocer a Kosovo el mismo día de la proclamación de la independencia o poco después, sin tener en cuenta las presiones de Rusia.
En cuanto a la posición de la «mayoría de los países» de la UE que no figuran entre los hostiles ni los pioneros, lo que reina es la incertidumbre.
«No se sabe», confiesa un diplomático, sin poder aclarar si formarán parte de una «segunda o tercera ola» de reconocimiento.
Incluso Eslovenia, surgida de la desmembración de la ex Yugoslavia y en el centro de las consultas ya que actualmente preside la UE, se mantiene prudente sobre el momento en el que podría reconocer a Kosovo.
Su prudencia se explica en parte por la revelación a fines de enero de un documento en el que Estados Unidos recomendaba a Eslovenia ser «uno de los primeros países» en reconocer a Kosovo.
Los europeos, que siempre han subrayado que Kosovo era un ensayo para la credibilidad de su política exterior, esperan atenuar la impresión de desorden gracias a su relativa unidad para acompañar en la práctica los primeros pasos de la independencia de los kosovares.
En ese sentido, todos los países, con la excepción de Chipre -que se abstuvo sin aplicar su veto-, dieron ayer luz verde jurídica al envío de una misión de unos 2 mil policías y juristas encargados de garantizar el Estado de derecho.