La agoní­a de mi padre


El dí­a de ayer viernes, en la madrugada, el repique del timbre telefónico me despertó abruptamente; fue un sonido que trajo un sonido muy especial, como de tristeza, un sonido serio, un sonido sordo, un sonido de premonición; y así­ fue, mi hermana Irlanda comunicó que nuestro padre dejó de existir fí­sicamente.

Fernando Mollinedo

JOSí‰ GUSTAVO MOLLINEDO FERRíNDIZ, nacido por azar en San Juan Sacatepéquez (su padre, mi abuelo Chepe, fue enviado a ese municipio en sus funciones de telegrafista), tuvo una infancia normal: la escuela en los lugares a donde su destino de hijo le hizo acompañar a su papá; su adolescencia en ciudad Guatemala creciendo cerca de los potreros de Palomo.

Cuando se sucedió la Revolución de 1944 prestaba sus servicios como dependiente en un almacén dedicado a la importación de productos agrí­colas; para ese tiempo, fue uno de los fundadores de la Asociación Nacional de Scouts de Guatemala, y prestó servicio ciudadano en ausencia de la Policí­a, en ese momento polí­tico.

Su profesión desde 1945 fue la fotografí­a, la cual ejerció en ciudad Guatemala y en Puerto Barrios; se casó con mi madre Egbertha Castillo en el año 1946 y de dicho matrimonio nació mi hermano Edgar Gustavo y José Fernando, quien escribe la presente nota. Laboró en el Aeropuerto internacional La Aurora, prestando servicios para la empresa de aviación Pan American donde desempeñó el puesto de guí­a de taxeo. Amante de la música de cámara; fue maestro de educación musical en el Colegio Evangélico «Jardí­n de las Rosas» ubicado en aquel entonces en la Avenida Santa Cecilia de esta ciudad.

En segundas nupcias se casó con la señora Sara Román, con quien procreó a Emperatriz, Irlanda, Raúl, Iris y Alma, de apellidos Mollinedo Román.

Fincó su residencia en Puerto Barrios, lugar donde destacó en el campo de la fotografí­a y del periodismo; autodidacta consumado, investigador del campo espiritual (Rosacruces) e incansable luchador por los movimientos juveniles; fue fundador de varios grupos de scouts con quienes activaba en los municipios de Santo Tomás de Castilla, Puerto Barrios y en Morales.

Como periodista, escribió en varios medios locales, destacando en el periódico quincenal denominado El Faro de Izabal, donde sus continuas columnas abordaron temas sociales, y religiosos; fue miembro del Cí­rculo Nacional de Prensa con sede en Puerto Barrios, también escribió un par de novelas regionales que se encuentran inéditas.

Como fotógrafo, recorrió los departamentos del paí­s, dejando su semilla profesional en algunas personas que tiempo después instalaron sus propios estudios fotográficos; sus trabajos fueron en las áreas de fotografí­a natural (paisajes), de estudio y comercial (anuncios); su pasión por la fotografí­a nos fue heredada a varios de sus hijos.

Al momento de que estas letras sean impresas y circulen, mi padre estará recibiendo cristiana sepultura en el Cementerio de Puerto Barrios, le acompañamos sus hijos, nietos, parientes y amigos de la familia. DESCANSA EN PAZ, PAPI GUSTAVO.