¿Y ahora qué?


Tras la salida de Hernán «el Bolillo» Gómez, es imprescindible reflexionar sobre el tránsito que tuvo sobre nuestra Selección Nacional. Y es que, como dicen las voces añejas de los abuelos, una persona debe procurar dejar las cosas mejor de como las encontró. Por tal razón, serí­a bueno preguntarse ¿estamos mejor en materia de fútbol?


«el Bolillo» no fue, precisamente, mejor, al menos en materia de estadí­sticas, que otros entrenadores, como «el Grillo» Roldán, «el Pocho» Cortez o el mismo Ramón Maradiaga, quienes han tenido más logros e í­ndices de éxito mejores que el entrenador colombiano.

Ahora, si observamos en materia de calidad, tampoco existe una mejorí­a, ni siquiera se vislumbra que haya un progreso mayor. Es cierto, actualmente hay más jóvenes que integran la selección y que sí­ esta tendencia se mantiene, se tiene un buen futuro. Pero esto no es logro de «el Bolillo», puesto que detrás de él hay un trabajo con equipos menores de Rodrigo Kenton y la exigencia de la Liga Nacional de incluir forzosamente a jugadores Sub-23 en el campeonato regular.

De tal suerte, varios jugadores menores de 23 años integran, ahora, la selección mayor y la menor. Eso es lo único positivo de estos meses de gestión de Gómez.

Duele ver perder a la Selección Nacional ante un omnipotente equipo de Argentina; muchos quisieron comparar este partido con el empate alcanzado con Brasil, pero hubo una enorme diferencia: la actitud de ese partido de hace diez años era distinta, más combativa. En cambio, contra los gauchos, simplemente se presentó un equipo sin voluntad.

Es una lástima que se rompa un proceso de Selección, ya que lo ideal es que éste al menos dure los cuatro años de la eliminatoria. Para estas eliminatorias, de nuevo, tendremos que improvisar con un técnico sacado de la manga, para que haga frente en poco tiempo a los rivales de la CONCACAF, en donde no se observa por dónde se pueda colar nuestra selección para el Mundial de Sudáfrica.

Serí­a mejor, pues, olvidarnos del 2010, y empezar en serio para el Mundial de Brasil, con un técnico confiable, que no cobre tanto y que, en fin, mejore el fútbol nacional y no que simplemente lo observe como ver llover, mientras cobra miles de dólares cada mes.