Mal de amores


Estamos comenzando febrero el mes del amor, las tiendas comerciales ya anuncian la llegada de San Valentí­n, con sus descuentos y promociones. Las floristerí­as y vendedores se encuentran preparados para grandes pedidos de flores, peluches, arreglos de globos y chocolates. En el papel de regalo predominan los motivos especiales para conmemorar el Dí­a del Cariño, proliferan las tarjetas con contenidos que expresan sentimientos amorosos hacia la pareja, amigos y familiares.

Dra. Ana Cristina Morales Modenesi
crismodenesi@gmail.com

Les he de contar que tengo dos amigas trabajadoras de una floristerí­a, a las cuales visito con frecuencia en mis momentos de ocio, me agrada mucho ese trabajo de ser floristera, ya que se mantienen realizando de manera creativa el mismo y éste a su vez tiene como destino el alegrar la vida a las personas o cuando menos aliviar los pesares; ofreciendo con cada obra que realizan belleza y sentimientos con un lenguaje de manera no verbal.

Mis amigas han estado trabajando muy duro desde que inició el año, ya casi no hay espacio en el lugar, la luz ha disminuido debido a la densidad de tantos arreglos conjuntos. Sus caras y gestos han ido cambiando conforme su ardua labor; ellas mismas se sienten con ilusiones y esperanzas de amores perdidos, arrepentidos, agobiantes, torturantes, gozosos y por supuesto de nuevos amores. Hemos reí­do y reflexionado juntas con el tema del amor y el mal de amor. En una ocasión me comentaban de una señora que trabajaba por el área, ella misma se enviaba flores para sí­, en el Dí­a del Cariño. Lo cual me pareció una idea ingeniosa y de alto sentido de valoración hacia ella misma. Aunque el comentario de otros podrí­a ser: «Pobrecita, no tiene quién le mande flores», pero la verdad es que este gesto nos enseña el principio de todo amor. Y es la valorización y afecto expresado hacia sí­ misma/o.

Mi trabajo como psiquiatra y psicoterapeuta en gran parte se concentra en el amor y con mucha frecuencia atiendo al mal de amores. Y comparto esta experiencia con psicólogos, terapeutas, médicos, brujos, curanderos, chamanes y religiosos.

El querer y sentirse querido es básico en todo ser humano, todas las personas lo necesitamos, deseamos comunicarnos de manera afectiva, ser reconocidos/as, valorados/as y vincularnos con alguien o algo.

Las dificultades de vivir el amor se encuentran en la falta de amor a sí­ mismo y en no saber dar y recibir amor en relación a los demás. Alguien que se percibe como no digna/o de amor, fácilmente incurre en relaciones codependientes y con mucha frecuencia siente poder llegar a ser abandonada o rechazada.

El mal de amor, considero, es un mal necesario para poder vivir; lo sufren quienes son correspondidos pero también quienes no lo son; y en la vida queremos librarnos de sentirnos tristes y de cualquier clase de dolor. Quienes realmente quieren vivir su propia vida, les es indispensable no escaparse a cualquier clase de sentimientos. Y ello incluye amar hasta las últimas consecuencias, implicando per se, un acto de entrega que no necesariamente ha de ser correspondido. Y de esta manera corremos el peligro de sufrir. Pero nos ha de ser ineludible el mantenimiento de nuestra dignidad y autorrespeto como seres humanos.

Cuando nos encontramos enamorados parecemos embobados, absorbidos durante muchas horas por pensamientos parásitos e imágenes de nuestro ser amado, se nos quita el sueño, el hambre, nos sentimos algunas veces tan felices que nuestra mirada refleja nuestro interior, nos volvemos más optimistas, somos más atractivos para las demás personas, pero también es verdad, que nos apartamos de la realidad buscando nuestra fantasí­a de amor, idealizamos a nuestro ser amado, colocándole atributos deseados, y así­, perdemos la perspectiva del mundo. Esto podrí­a ser comparable a una enfermedad.

En el amor en los tiempos del cólera a Florentino Ariza desde su juventud le daban sí­ntomas vertiginosos al sólo pensar en Fermina Daza, su amada. Y la madre le decí­a que sintiera de manera profunda, como una manera de entendimiento de la propia esencia de la vida.

Es decir que existen semejanzas entre amor y enfermedad y en cada uno de nosotras/os se encuentra la alternativa de tomarlo o dejarlo pasar.

Al fin de cuentas amar es celebrar la vida y la existencia de otro ser humano aunque no seamos correspondidos.

En lo personal les deseo que en la vida encuentren el amor, lo sepan vivir y apreciar aunque en ocasiones, pueda ser fuente de dolor.