Llevo rato de pensar que de alguna manera las organizaciones o entidades que sin ánimo de lucro contribuyen con el Estado para brindar asistencia médico hospitalaria a la población guatemalteca debieran de recibir un gran homenaje, consistente en darles el mejor apoyo a sus actividades. Es que ¿se habrán puesto a pensar qué haríamos sin ellas? ¿Se imaginan en qué situación estaríamos de no existir la Liga Nacional Contra el Cáncer, la Liga Contra la Tuberculosis y su Fundación Roberto Koch, Aprofam, el Programa Ayúdame a Vivir para los niños con Cáncer, las Fundaciones de apoyo a la Unidad de Cirugía Cardiovascular y tantas más que por limitaciones de espacio no cito en su totalidad?
Pero a nuestros políticos les sigue gustando más el relumbrón, salir en fotos estrechando manos y participando en actividades que podrán ser atractivas, como de ocasión, pero que no conducen a solucionar el fondo de los problemas de salud de nuestro país. A mí me encantó saber que nuestro Vicepresidente se haya ido a Cuba para que le calienten la cabeza con ayudar a la población rural carente de tantos recursos médico hospitalarios, ¿pero prioritariamente eso será lo más importante en la actualidad?; ¿No valdrá más la pena volver sus ojos a que no se cierre la Fundación Marco Antonio por falta de fondos?
Claro, pienso como administrador o como comunicador y no como político, mucho menos politiquero, pero ¿no traería mayores beneficios a la población entrarle de lleno a resolver la innumerable cantidad de problemas que tienen nuestros hospitales y centros de salud?; ¿Quién no sabe que éstos consisten en que desde hace mucho tiempo pasaron a ser centros de corrupción por todos sus costados? Desde el mal manejo de las medicinas, la compra de equipo, instrumental, etc. fuente valiosa para generar las mentadas comisiones sobre compras, hasta la irresponsabilidad de muchos de sus servidores que empiezan por llegar cuándo y cómo se les da la gana, fomentar el nido de sindicalistas que andan viendo siempre el derecho de su nariz, hasta la creación de plazas fantasma.
Nuestros problemas hospitalarios no se van a resolver dándole besitos a los recién nacidos o ayudando a un paciente en su silla de ruedas. Lo que realmente importa es, por ejemplo, que a la hora de intervenir quirúrgicamente a un herido de bala (cosa que ocurre a cada instante) nadie se vea limitado por falta de salas, cirujanos, equipo y de tantas cosas más que ocurren todos los días. Y no me refiero sólo a los hospitales de la ciudad capital, sino los departamentales que siguen viviendo a tres menos cuartillo. Disculpen si les voy a parecer disco rayado de aquellos desaparecidos de 78 rpm, pero de espectáculos, cortes de cintas simbólicas y de rosas de la paz los chapines, de verdad ¡estamos hasta el gorro!