Acaso por nuestra profesión, consideramos que el activo de la credibilidad es uno de los más importantes que puede tenerse y hay actividades en las que ese activo mismo se convierte en vital. Ante el surgimiento de una ola de rumores respecto a la salud financiera de un banco del sistema, nada más importante que la confianza y credibilidad que los ciudadanos puedan tener en las autoridades encargadas de la supervisión bancaria, puesto que una palabra de ellos debiera bastar para generar tranquilidad en los depositantes y destruir el efecto de una acción denunciada como campaña negra.
Sin embargo, y esa ha sido nuestra queja desde hace mucho tiempo, las autoridades monetarias no tienen autoridad moral para abordar el tema porque antes de la quiebra del Banco del Café dijeron que no había motivos de preocupación y que los rumores que circulaban no tenían fundamento. También entonces se mencionó la posibilidad de una campaña negra en contra de un banco grande que aparecía en los estados financieros como uno de los más sólidos del país.
Y luego, cuando se produjo la crisis del Banco de Comercio, se recordaron declaraciones de las autoridades encargadas de la supervisión bancaria en las que afirmaron tajantemente que tras la quiebra de Bancafé no había motivo de preocupación ni signos de alarma en ningún otro banco del sistema. Y eso lo dijeron después de que habían iniciado una investigación sobre la estafa que cometían los accionistas del Banco de Comercio al captar los recursos en los edificios del banco, para beneficio de una sociedad no regulada que emitía pagarés. El mismo Superintendente firmó la resolución en la que se dispuso no continuar con las investigaciones ni trasladar información al Ministerio Público sobre el caso que luego el vicepresidente Eduardo Stein definió como una magna conspiración para estafar a miles de personas.
Cuando un banco es maliciosamente atacado es fundamental trasladar confianza a la clientela para evitar una estampida que provoque retiros masivos que puedan llevar a una crisis mayor. Crisis que se puede materializar, a pesar de la solidez institucional, si el público no tiene tranquilidad y no confía en lo que le dicen las autoridades monetarias.
Por ello es que siempre hemos sido muy críticos del pobre papel jugado por la Superintendencia de Bancos en el pasado reciente porque vulneró lo más importante que puede tener como activo esa entidad. Hoy en día nadie puede tener confianza en declaraciones que emitan, si anteriormente en dos casos probados y comprobados también trataron de calmar las aguas y luego resultaron falsas sus afirmaciones sobre solidez y en las que pretendían llamar a la calma.
Algunos han pensado que la crítica a la actitud de los funcionarios de la Superintendencia es festinada, pero cuando vemos riesgo en una entidad bancaria que denuncia ser víctima de campañas negras y publica campos pagados para aplacar a la clientela, todos recordamos lo que hizo y dijo la autoridad de supervisión bancaria en anteriores crisis y, casualmente, casa al calco con lo que ahora expresan frente a esta nueva situación. Una Superintendencia de Bancos sin credibilidad es como una carterita de fósforos sin fósforos. Lo cierto del caso es que uno puede creer en la solidez del sistema bancario y sobre todo de algunos bancos en particular, pero cuando las autoridades dicen que no hay que temer, uno piensa en el cuento del lobo y el pastorcito.