La poca importancia del engrudo


Hasta que apareció Jorge Carpio con su UCN, la polí­tica del paí­s tení­a como principal ingrediente el activista que con toda la mí­stica y devoción abrazaba causas para trabajar intensamente en aquellas formas menos sofisticadas de hacer polí­tica que buscaban llegar de manera directa al elector sin tanta dependencia de los medios de comunicación masiva. El fenómeno de la UCN introdujo serios cambios, porque no sólo fue el primero que procedió a utilizar los conceptos del mercadeo publicitario, sino que también contrató activistas que ya no se esforzaban por mí­stica, sino que trabajaban a destajo, cobrando por su labor.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Quedan en muchos lugares del interior del paí­s viejos y nuevos activistas que todaví­a se entregan a la polí­tica por amor al arte y, de acuerdo con la naturaleza humana, con la ilusión y la esperanza de que si gana el partido puedan obtener algún empleo. Su aspiración es mucho más modesta que la de los grandes financistas, pero tiene idénticas raí­ces y motivaciones.

A raí­z de mi comentario el pasado sábado sobre la diferencia que el gobierno actual ha hecho en el trato de unos y otros, privilegiando a los financistas y advirtiendo a los activistas que el gobierno no es una agencia de empleo y que para ellos no hay nada, recibí­ algunos comentarios de gente que ha trabajado en varias campañas y que lamenta el trato. Un viejo amigo de la zona 18, que se entregó con entusiasmo a promover la candidatura de los diputados del distrito central del partido de gobierno y del ingeniero Colom, me visitó para hablar del tema y expresarme su frustración porque cuando, al fin, trabajó con un proyecto que ganó, resulta que los ganadores les dijeron que para ellos no hay ninguna posibilidad de empleo porque la decisión del Presidente es firme en el sentido de que el partido no es agencia de empleos.

Yo pienso que la postura del mandatario es correcta intrí­nsecamente porque no se puede pensar que un paí­s tenga que vivir con servidores públicos que durarán en su puesto cuatro años porque cada vez que hay relevo en el gobierno se producen despidos masivos para contratar a los allegados al nuevo partido de gobierno. Pero creo que lo malo en este caso está en que no fue pareja la determinación en el trato a todos los que hicieron posible el triunfo electoral, porque no veo la corona que deban tener los financistas en comparación con quienes preparaban el engrudo para pegar volantes y afiches del candidato, además del trabajo de hormiga que se les pidió que hicieran para ir convenciendo con tenaz persistencia a otros ciudadanos.

Debemos recordar que una de las estrategias más socorridas en la última campaña fue ese plan hormiga de la UNE que demandaba un ejército de activistas que tení­an que visitar y convencer a electores mediante un trabajo sencillo pero tenaz. Posiblemente en el caso de este amigo de la zona 18 capitalina se pueda decir que de todos modos la UNE perdió en la capital y por lo tanto se ponga en duda la eficacia de su trabajo, pero hay que ver lo que para los activistas de corazón y mí­stica representa una campaña y la forma en que se entregan.

Lamentablemente el mensaje final es que un bote de engrudo no merece ni la más mí­nima compensación pero que un jugoso cheque «abre las puertas del cielo». Otra vez se comprueba que no hay más poderoso caballero que el célebre Don Dinero.