El encantamiento de la realidad


Saludo habitual entre abuelos quekchí­  de los pueblos de la Sierra Madre y los Altos Cuchumatanes guatemaltecos.

«Â¿Cómo salio tu sol hoy? Ojala que los pies-rayos del abuelo sol y la nena-abuela luna, hayan alumbrado también el corazón de nuestra casa. Nuestra esperanza es que de regreso, tu sol se vaya despacio sobre la cabeza-cima de los cerros»[1].

Sergio Mendizábal

El encantamiento de la realidad expresa un estado de la identidad y una forma extraordinariamente compleja de producción de conocimientos. El encantamiento se genera mediante la constante interacción entre universos simbólicos, asociados a la cosmovisión y la epistemologí­a maya, y las acciones sociales cotidianas que transforman su realidad objetiva.

En los albores del siglo veintiuno, el pueblo maya guatemalteco plasma en la escena de la vida cotidiana, la grandeza de su profunda tradición civilizatoria mesoamericana. Mostrándose como un pueblo de creadoras y creadores, quienes desarrollan creativas estrategias para sobrevivir y una pertinaz resistencia simbólica, ante los agentes y fuerzas que tienden a disolver los basamentos de su ser socioculturalmente mayas.

En este trabajo se muestra como en la vida cotidiana de familias k»iche», mam, kaqchikel y q»ekchi», se genera la producción de conocimientos mayas en intrí­nseca relación con los procesos de construcción de la identidad. Aparece también, la voluntad del pueblo maya de prevalecer como sujeto de un proceso civilizatorio mesoamericano, aún en las peores circunstancias históricas, sociales, económicas y polí­ticas. Lo que visualizamos en esta investigación, son prácticas socioculturales de enorme complejidad que abren caminos para pensar y actuar en pos de otros mundos posibles.

Encontramos en esta fugaz pero intensa exploración de mundos mayas, relatos fundadores de enorme potencial simbólico, señales y avisos del futuro en todas partes, conocimientos profundos y comunes en diferentes áreas, como en la siembra, en la construcción, los textiles, la medicina. Profusión de prácticas y especialistas en métodos curativos, sistemas de autoridad y de organización social que protegen la reproducción de la vida. Espí­ritus guardianes, ayudantes espirituales, tonales calendáricos codificados en tres anillos del tiempo, nahuales que asoman en el misterio de las puertas interdimensionales de la realidad, lugares ceremoniales y altares plenos de significado, con rituales y sistemas adivinatorios que conectan diferentes espacios y tiempos, cuevas que son entradas y salidas del inframundo, por llamar de alguna manera lo que no se concibe en español.

En la cosmovisión maya observamos la sacralización de lo cotidiano como práctica social. Y un estado de encantamiento reiterado en cada acto de la vida, y que se realiza en prácticas que vinculan a la persona con lo sagrado a cada momento y que la conectan con lo trascendente, lo importante y lo profundo en la experiencia de vivir. El encantamiento de la realidad, que ha sido una estrategia hasta ahora indoblegable, para resistir a la destrucción, la devastación, el despojo y la miseria; es la magia que envuelve a las obras del conocimiento de una civilización de maravillas, magia de los sabores, los colores y las texturas mayas. Es el Ahau en las pupilas del niño famélico y el calendario en el bordado de la niña que sueña con que su padre regrese de Florida. Es el encantamiento que atrae los ojos ajenos de miles de turistas y que asusta a los modernos quemadores de códices, es la dignidad que ha resistido la ignominia.

El encantamiento maya resulta del arte de combinar voluntad de resistencia, adecuación estratégica a los cambios, profunda espiritualidad, talento creativo y dignidad, sobre todo. Todo ello codificado en lenguas que humanizan la realidad, para establecer la igualdad entre todos los seres que la habitan; madre-tierra, luna-nena, ombligo de las casas, cintura de los territorios, cabezas de los cerros, sangre de las montañas, ojos de agua, espí­ritu de los rí­os. Corazón de la mañana. ¿Cómo amaneció tu sol? Saludos y conocimientos imposibles en otras lenguas. Y al humanizarlo todo, las lenguas mayas producen la paradoja del descentramiento de lo humano, porque significa que somos seres en igualdad de condiciones y orí­genes con árboles y plantas, con las piedras, el agua, el viento, con la luz del sol, los insectos y con todos los seres con quienes cohabitamos esta dimension de la realidad. Hoy, en un momento en que en nuestra nación se escuchan múltiples voces, que claman por su profunda transformación, el arte de encantar la realidad de los pueblos mayas mesoamericanos, ofrece múltiples entradas para pensar y actuar en pos de nuevos mundos posibles. Son epistemologí­as, ecologí­as y lenguas, conocimientos ancestrales y espí­ritus poderosos, capaces de pensar y actuar alternativamente, frente al desencanto y la brutalidad de la fase imperio que vive la humanidad.