El ex secretario general de la ONU Kofi Annan continuaba hoy su mediación en Kenia mientras la policía trataba de contener la violencia étnica y política que dejó al menos 130 muertos en cuatro días y más de 900 desde la controvertida reelección del presidente Mwai Kibaki hace un mes.
Varias personas fueron quemadas vivas o asesinadas a machetazos ayer, fundamentalmente en la provincia del Valle de Rift (oeste).
Bandas de jóvenes incendiaron comercios, erigieron barricadas en las rutas y desafiaron a la policía antimotines en la ciudad de Kisumu (oeste), indicaron testigos.
«Estamos tratando de restaurar la ley y el orden en las ciudades. La situación sigue siendo tensa», declaró un comandante de la policía.
También se registraron enfrentamientos entre bandas y la policía en Naivasha, a unos 90 km al noroeste de Nairobi, donde 14 personas fueron quemadas vivas ayer.
Las huellas de esta violencia eran evidentes en la ciudad de Nakuru, donde hubo choques entre bandas armadas con machetes, barras metálicas y arcos y flechas, que dejaron decenas de muertos.
Esta oleada de violencia comenzó en Kenia después de las elecciones presidenciales del 27 de diciembre, que el líder opositor Raila Odinga denunció como fraudulentas. La disputa política se vio acrecentada por antiguos odios entre comunidades, enfrentadas a menudo por cuestiones de propiedad de la tierra.
Annan se reunió ayer en Nairobi con Odinga, quien condenó «el acto homicida y malvado en la forma más enérgica posible», al referirse al ataque de Naivasha.
«Lo que se observa ahora es que bandas criminales, que han lanzado oleadas de asesinatos, trabajan bajo la protección policial», agregó.
La semana pasada, la organización de defensa de los derechos humanos Human Rights Watch acusó a la oposición de Kenia de organizar la violencia étnica en la región occidental del país. Los opositores kenianos desmintieron inmediatamente dicha acusación.
Unas 900 personas murieron desde que estas polémicas elecciones desencadenaron la peor crisis registrada en este país generalmente pacífico desde el fallido golpe de Estado de 1982 contra el ex presidente Daniel arap Moi.
Por otra parte, Moi, de 83 años, que gobernó Kenia con puño de hierro durante 24 años, fue internado hoy en un hospital de Nairobi con dolores en la espalda, dijo su médico.
La situación era tensa hoy en Nakuru, donde muchos habitantes acusaron a la policía y al ejército de permanecer pasivos ante la violencia.
El portavoz gubernamental, Alfred Mutua, dijo que se desplegaron numerosos policías adicionales para restaurar el orden en las ciudades del oeste del país.
«El gobierno quiere reiterar que todos los que estén tras cada crimen deberán rendir cuentas de sus acciones», declaró.
El ejército, en su primer despliegue desde los comicios, desempeñó un papel secundario en los enfrentamientos de Nakuru, limitándose a levantar los bloqueos a las rutas, dijeron responsables.
Mientras Kofi Annan continuaba sus conversaciones con los dirigentes políticos, Musalia Mudavadi, del Movimiento Democrático Naranja de Raila Odinga, afirmó que se habían logrado progresos en la preparación de las conversaciones con Kibaki.
El jueves pasado, Annan organizó una simbólica primera reunión entre Kibaki y Odinga, quienes se dieron la mano, lanzaron un llamado de paz y sugirieron que estaban dispuestos a conversar.
Pero ese gesto, que fue recibido con satisfacción a nivel internacional, se vio minado más tarde por nuevos enfrentamientos.
Doce personas fueron asesinadas a machetazos anoche en Nakuru (oeste de Kenia) en enfrentamientos interétnicos, indicó la policía hoy, llevando a 26 el número total de muertos en el país.
«Siete murieron en Solai y cinco en Bahati», dos barrios de los suburbios de esa ciudad, declaró un comandante de la policía keniana que solicitó el anonimato.
«Los mataron a machetazos durante enfrentamientos entre tribus rivales», agregó esta fuente.