Seis meses después de la renuncia de Paul Wolfowitz a la Presidencia del Banco Mundial por un caso de nepotismo, los protagonistas del escándalo buscan una manera de sobrevivir políticamente.
El jueves, el Departamento de Estado norteamericano anunció la designación del ex halcón del gobierno de George W. Bush para la dirección de un organismo gubernamental sobre seguridad internacional, el ISAB (International Security Advisory Board).
La Presidencia de este prestigioso comité tiene la ventaja de ser uno de los raros puestos para los que no se requiere la confirmación del Senado, hoy dominado por los demócratas, destacó el semanario Newsweek, que reveló la información.
En el Departamento de Estado, Wolfowitz no corre peligro de verse nuevamente enfrentado a un conflicto de intereses como el que lo obligó a dimitir prematuramente de la presidencia del Banco Mundial (BM).
El ex número dos del Pentágono, acusado de haber pedido personalmente un ascenso para su compañera sentimental, también funcionaria del banco, renunció el 17 de mayo tras seis semanas de crisis.
Por tanto, la situación había podido reproducirse en el nuevo destino de Wolfowitz, pues fue precisamente al Departamento de Estado adonde Shaha Riza había sido trasladada para evitar que tuviera que trabajar con su pareja.
Pero después ella dejó el empleo. «Ella ha trabajado aquí cerca de un año», afirmó el viernes un funcionario del Departamento de Estado.
Teóricamente de regreso al banco, su estatuto es todavía cuestión en debate.
«Hemos estado en contacto con la señorita Riza para discutir las alternativas posibles con respecto a su retorno al empleo, pero hasta ahora ninguna opción ha resultado aceptable para ambas partes», explicó una portavoz de la institución.
Un poco más de una semana antes de su nombramiento al ISAB, el artífice de la invasión estadounidense a Irak apareció por primera vez en otro nuevo cargo: como experto del Instituto Estadounidense de Empresa (AEI).
El ex halcón se refugió en este centro de reflexión neoconservador de la capital estadounidense, el mismo día en que Robert Zoellick lo sucedía en la presidencia del BM.
Dos días después de esta primera aparición pública, su ex aliada Suzanne Rich-Folsom renunciaba al Banco Mundial, donde había sobrevivido hasta entonces.
Directora del Departamento de Integridad Institucional, Rich-Folsom coordinaba la política anticorrupción de Wolfowitz, pero tras la dimisión de éste, su trabajo había sido desaprobado por una investigación independiente.
Al dejar el banco para volver a la actividad privada, Rich-Folsom sigue los pasos de otros dos miembros de la llamada «banda de los seis» que rodeaba a Wolfowitz.
Primero fue Kevin Kellems, consejero en comunicación, que había desempeñado el papel de fusible, en pleno pulso con el consejo de administración. Después fue la «consejera especial» del presidente, Robin Cleveland –apodada «la dragona»–, que había acompañado a Wolfowitz en su desgracia.
«Kevin Kellems volvió a Indiana, el estado del medio oeste de donde era oriundo», explicó Bea Edwards, del Government Accountability Project, la asociación que había revelado los detalles del escándalo.
En cuanto a Robin Cleveland, «desapareció por completo», dijo Edwards.
Contactada por correo electrónico, Kellems no contestó, que tampoco encontró la forma de entrar en contacto con Cleveland.