Nuestras autoridades monetarias siguen actuando como si al hablar de economía lo hicieran ante un conglomerado de imbéciles e ignorantes a los que tienen que mantener en calma y por ello todas sus expresiones son en la línea de las que tuvieron cuando se vieron los primeros signos de problema en el sistema bancario. Entonces dijeron, hasta hablando despacito como uno hace cuando explica algo a un niño, que no había nada que temer porque el sistema era fuerte y sólido, lo que alentó a muchos incautos a confiar en los dos bancos que en poco tiempo estaban tronando.
ocmarroq@lahora.com.gt
Ahora, con la misma idea de no crear pánico ni sobresaltos entre la población, nos dicen que Guatemala no tiene nada que temer si en Estados Unidos hay una recesión económica porque «nuestra economía es tan fuerte que los efectos serían mínimos». A quién jocotes creen que engañan estos señores con sus declaraciones, si todos entendemos que nuestro nivel de dependencia no sólo ha sido siempre enorme, sino que se ha incrementado por obra y gracia de que dependemos de lo que nos mandan los migrantes y por la firma de un Tratado de Libre Comercio que aumentó la dependencia.
Cuando leí la declaración de las autoridades monetarias diciendo tamaña barrabasada se rebalsó mi capacidad de asombro porque si la crisis económica mundial se produce y la economía norteamericana entra en crisis, nosotros somos de los países más vulnerables que pueda haber. Olvidemos los factores externos y pensemos simplemente que cualquier reducción, por pequeña que sea, en la expansión de una economía como la nuestra afecta seriamente a millones de personas que viven en condiciones de pobreza y sin compensadores sociales que les permitan paliar una crisis.
En otros países con menos inequidad que en el nuestro, una crisis económica se comparte y reparte mejor, pero cuando hay esas desigualdades tan marcadas, ni modo que vamos a suponer que los que más tienen van a ser los más sacrificados si pueden trasladar cualquier impacto en sus costos a una población indefensa que de todos modos mantiene condiciones de subsistencia.
Si a ello agregamos que una recesión en Estados Unidos tendría como efecto inmediato una reducción en el flujo de las remesas familiares, no resulta descabellado pensar que serán muchas las familias de Guatemala que verán reducido drásticamente su ingreso y su capacidad de consumo.
Presumir de nuestro alto nivel de reservas internacionales como seña de que no tenemos nada que temer es muestra de gran ignorancia, porque implica no entender la debilidad del mismo dólar que se sigue depreciando frente a las otras monedas mundiales y arrastra en su consistente caída a aquellas como el quetzal que están atadas al signo monetario de la economía norteamericana.
Por fortuna los expertos internacionales, que no tienen esa actitud paternalista de ocultar la verdad a un pueblo al que se le considera ignorante y por lo tanto incapaz de asimilar y entender la verdad, han dicho que toda América Latina tendría consecuencias funestas si se concreta la recesión. Y no hace falta ser economista para entender que si a los gringos les da un catarro, a nosotros nos dará pulmonía.