Concluyendo el análisis y observaciones de fondo al acto de transmisión de mando, el mensaje del presidente ílvaro Colom es congruente con sus planteamientos en su programa de gobierno.
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El discurso, a diferencia del presidente saliente, lo expresó como buen político, siguiendo lineamientos o referencias escritas, evidenciando que no tenía la necesidad de sujetarse a leer textualmente sus planteamientos. Esto es un mérito porque hasta un lorito puede repetir un texto que otros le enseñen, le redacten. En la Guatemala multiétnica, donde el idioma castellano es el oficial pero no el único, es mucho más adecuado que quien dirige los destinos del gobierno no necesite estar leyendo de un documento o de un telepronter porque logra mejor afinidad y empatía.
La comunicación no sólo es el contenido, también es la forma y decididamente impacta más quien tiene la habilidad, el corazón y el alma para comunicar sus planteamientos de viva voz y no leyendo fría y textualmente un documento. Claro que quienes no tienen esa capacidad prefieren ver que el Presidente no la tenga y si la tiene no la use.
Utilizar conceptos como «hoy empieza el privilegio de los pobres… de los sin oportunidad», es el mensaje que la mayoría de los guatemaltecos reclama. El consenso que ha manifestado el gobierno entrante no puede ser el logro de los pocos en detrimento de los muchos, síntesis es servir de crisol de las necesidades, de las posibilidades que el Estado debe de tener y ejercer para que Guatemala no siga en los reportes internacionales, como un país de miserias.
La carga fiscal debe de aumentarse, que la recaudación mejore es sólo la obligación de las autoridades a cargo, porque no es ningún secreto que el IVA es el impuesto que más se paga y más se apropian quienes lo recaudan.
El pequeño y mediano empresario son quienes exportan los productos no tradicionales, los que mayores oportunidades de trabajo crean, quienes proporcionalmente pagan más impuestos sobre la renta.
El medio ambiente, la inmigración deben ser temas prioritarios y urgentes, también el nuevo gobierno tiene la obligación de revisar las actividades mineras, donde es un secreto a voces que la familia del presidente saliente y algunos de sus colaboradores son importantes subcontratistas o socios indirectos. El país no puede permitir, como ya lo impidió Chile, Bolivia, Ecuador, Venezuela y seguramente lo hará Brasil, que nuestros minerales sean solo el enriquecimiento de los inversionistas extranjeros y de los ocultos socios nacionales en detrimento o engaño de los habitantes de esas regiones.
Haber incluido en el discurso que «la prioridad le corresponde a los más pobres, a los sin oportunidad y que es dándole al que menos tiene que nuestro país aprovechará mejor su potencial», es lo más adecuado que pudo haberse expresado y no debería de ser motivo de crítica, sino por el contrario, ser motivo e impulso para que aquellos que hemos tenido el privilegio de una educación, mejor situación; comprendamos que el gobierno tiene la obligación de balancear, de ser ecuánime y a través del presupuesto de ingresos y egresos del Estado, enfrentar las enormes e insatisfechas necesidades que el país mantiene por 500 años.