Durante una sorpresiva visita que el presidente de la República, ílvaro Colom realizó ayer al Instituto Rafael Aqueche de la ciudad de Guatemala, expresó su opinión desfavorable a los acuerdos emitidos durante la gestión de la hoy ex ministra de Educación, María del Carmen Aceña, relacionados con la ampliación de la carrera de Magisterio a cuatro años y la exigencia a los alumnos de primaria y secundaria de aprobar los exámenes con un punteo mínimo de 70 puntos. El criterio del gobernante al respecto, permite colegir que las citadas disposiciones tendrán que ser derogadas por la nueva titular de la cartera, licenciada Ana Ordóñez de Molina.
En el pasado gobierno, del presidente Oscar Berger, se introdujo sutilmente una confusión entre escolaridad y competencia, llegándose al extremo demagógico de valorizar únicamente las altas notas y los títulos sin considerar la competencia. Existen numerosos ejemplos sobre que muchos estudiantes con las mejores calificaciones no han llegado a ser los más exitosos en su profesión.
El valor mercantil del saber o de la ilusión del saber descansa en una concepción ideológica del sistema capitalista que atribuye productividad a las personas en función de la escolaridad previa, necesaria para desempeñar sus tareas de producción. Sin embargo, esta concepción es falsa porque no considera las relaciones sociales de producción en el sentido que el producto del trabajo es la resultante de una acción colectiva.
Sin duda alguna, es acertada la postura del presidente Colom al externar su criterio adverso a las dos medidas del régimen de la oligarquía, pues la excelencia académica no se logra alargando la carrera de Magisterio ni imponiendo la obligatoriedad de ganar los cursos con notas de 70 puntos. Esto lo que puede provocar es una mayor deserción.
Guatemala necesita una reforma educativa, pero con una visión diferente que permita la coherencia entre la enseñanza teórica y la práctica. No es un secreto la inutilidad de los conocimientos recibidos en el actual sistema educativo, a excepción de las técnicas más generales como leer y escribir, así como nociones de aritmética. Es común que muchos tienen que reaprender su profesión en el mundo del trabajo y en la sociedad.
El actual Presidente puede pasar por la puerta ancha de la historia promoviendo la democratización de la enseñanza mediante un cambio que rompa con esa obsesión de las altas calificaciones impuesta por la ideología dominante, que se ha convertido en un monopolio que desvaloriza los conocimientos, la iniciativa intelectual, las experiencias emotivas o iniciativas políticas fuera del ámbito escolar.