Mijail Saakashvili fue investido ayer presidente de Georgia para un segundo mandato de cinco años, el mismo día en que sus oponentes, lejos de desistir, preparaban una nueva manifestación para exigir la anulación de su victoria en los comicios del pasado 5 de enero.
«Me comprometo ante la nación y Dios a proteger la Constitución georgiana», declaró Saakashvili en una solemne ceremonia en la escalinata del Parlamento en Tiflis, a la que asistieron miles de sus partidarios y dignatarios extranjeros.
Aunque la oposición se niega a aceptar los resultados de las elecciones anticipadas, la reelección del presidente ha sido reconocida por Occidente, lo que le ha permitido recuperar su reputación de demócrata, enturbiada por una ola de violentas protestas el pasado noviembre.
«Acabamos de celebrar las elecciones más democráticas de la historia de Georgia y con este escrutinio, ustedes han elegido la unidad (del país) y su desarrollo democrático», aseguró Saakashvili.
Mientras el presidente pronunciaba estas palabras, las fuerzas opositoras preparaban para la tarde de ayer una masiva manifestación en un hipódromo de la capital para pedir la anulación de los resultados electorales, que dieron a Saakashvili el 53% de los votos.
«Queremos mostrar la desconfianza de la nación ante la investidura» del presidente, señaló el líder de la oposición, Levan Gachechiladze, segundo en las elecciones, notablemente detrás de Saakashvili (25%).
Su investidura quedará completada hoy por la bendición que recibirá en la milenaria catedral ortodoxa de Bagrati, cerca de la ciudad occidental de Kutaisi.
Entre los asistentes a la ceremonia en la escalinata del Parlamento, figuraban el presidente polaco, Lech Kaczynski, su homólogo rumano, Traian Basescu, y el canciller ruso, Sergei Lavrov.
Saakashvili señaló ante la multitud que aprovecharía su segundo mandato para mejorar su cooperación con Moscú, después de cinco años de divergencias por la campaña de Tiflis para entrar en la OTAN y en la Unión Europea.
Político brillante capaz de expresarse en cinco idiomas, Saakashvili se ha ganado el respeto internacional por haber sacado a Georgia de la recesión económica y la inestabilidad política.
Pero, aunque la oposición le apoya en su apuesta pro-occidental, le acusa también de tendencias autoritarias y de olvidar a los georgianos más pobres, que han quedado al margen de las reformas liberales.
Su fama de modelo demócrata había sufrido un serio revés el pasado noviembre, cuando las protestas de la oposición fueron reprimidas con gases lacrimógenos y cañones de agua.
Los altercados llevaron a declarar el estado de emergencia y a anticipar las elecciones presidenciales, a las que seguirán las parlamentarias la próxima primavera boreal.