Hoy cumple su primera semana en el ejercicio del poder el presidente ílvaro Colom Caballeros y habrá empezado a sentir que el tiempo se pasa volando y que las 207 semanas que aún le quedan pueden irse en medio de una sensación de vorágine si no se ordenan las prioridades. Uno de los mayores problemas de todo gobierno es la forma en que las autoridades se ven atrapadas por la coyuntura, por los problemas del día a día que demandan toda la atención y no dejan espacio para la visión de mediano y largo plazo. Y cuando los gobiernos no tienen perfectamente definidas sus prioridades, se pierden en la labor de apagar fuegos que es absolutamente demandante en una sociedad plagada de conflictos como la nuestra.
A diferencia de otros gobernantes, Colom ha llegado en su tercer intento por alcanzar el poder y eso significaría que por lo menos ha dedicado los últimos nueve años a madurar las ideas sobre el tipo de cambios que le puede ofrecer al país. Sin embargo, desde las primeras de cambio se habrá dado cuenta que ya está envuelto en el laberinto de lo cotidiano que ha sido trágico para Guatemala, porque nuestra falta de políticas coherentes en el largo plazo no es tanto producto de la falta de continuidad de los partidos políticos (la Municipalidad de Guatemala es una muestra que la continuidad no significa definición de políticas de largo aliento), sino de la ausencia de claridad sobre esa dimensión del ejercicio del poder.
Es evidente que el equipo de Colom no ha compartido con él ese proceso de formación de nueve años porque no se ve a nadie de los que le acompañaron en la primera campaña y pocos de los de la segunda están haciendo gobierno. Pero debiera de existir una absoluta claridad en la conducción del régimen con respecto a los objetivos principales que no pueden ser los de irla pasando como bomberos apagando incendios. En Guatemala los gobernantes todos los días tienen algún fuego que apagar y se pueden pasar el período en ese papel, pero nos hace falta la visión del estadista que pueda estructurar equipos que atiendan el día a día, mientras se define y ejecuta lo prioritario para superar ese estancamiento provocado por el agobio de los problemas cotidianos.
La lección de estos primeros siete días de gobierno ha sido poco alentadora para el Presidente porque, justa o injustamente, la percepción que se trasladó a la opinión pública no sólo reflejó improvisación sino que además la semana la dominó más Joviel Acevedo que el nuevo Presidente. Es justamente el tema de cómo la coyuntura atrapa el que se refleja en este arranque y sobre eso tendrá que redefinir prioridades el gobernante.