Colom Argueta, Fuentes Mohr y Fito Mijangos, estarí­an hoy, muy satisfechos


La lucha polí­tica para que Guatemala volviera a retomar el sendero de la democracia popular, ha sido muy accidentada; miles y miles de muertos en los últimos cuarenta años han servido como un caldo de cultivo ideológico para entender que la población de Guatemala es el eje principal, el objetivo, el bien jurí­dico tutelado y el quehacer de la clase polí­tica.

Fernando Mollinedo

Gracias a los campesinos, amas de casa, estudiantes, profesionales, obreros, sindicalistas, religiosos y todos los guatemaltecos y extranjeros que ofrendaron sus vidas como un aporte para este cambio polí­tico ideológico tan esperado; se principia hoy a recorrer el camino de una nueva experiencia que tiene como sí­mbolo a la esperanza y la solidaridad; palabras que en el vocabulario guatemalteco no han tenido mayor significado, pero no porque no se conozcan, fue porque los pasados gobernantes hicieron caso omiso de ellas, plegándose a los dictados de la oligarquí­a nacional y a los intereses particulares y extranjeros.

Considero que Alberto Fuentes Mohr, Manuel Colom Argueta y Adolfo Mijangos se sentirí­an muy satisfechos de saber que por fin aparece en el horizonte guatemalteco la luz de la esperanza traducida en materia polí­tica en la socialdemocracia que el grupo polí­tico UNE ha diseñado como plataforma ideológica para incorporar a los que menos tienen al proceso de desarrollo humano.

El sacrificio de estos tres bastiones polí­ticos, que perdieron sus vidas por medio del cobarde y vil asesinato promovido por las fuerzas económicas ultra conservadoras de Guatemala y ejecutadas por sicarios con formación militar; callaron sus voces y sus í­mpetus de formar una patria justa y democrática; pero no pudieron callar su herencia ideológica que fue recogida por sus familiares, amigos y correligionarios de primera y segunda generación, así­ como algunos integrantes del nuevo equipo de gobierno.

La lección de patriotismo legada por estos mártires guatemaltecos germinó como semilla en los campos polí­ticos, ideológicos y democráticos a través de estos últimos cuarenta años de sojuzgamiento, en que los gobiernos militares y los gobiernos civiles, impusieron sus condiciones de terror psicológico por medio de los aparatos represivos del Estado para impedir el desarrollo de esta población marginada y frustrada, y mantener a los oligarcas en el usufructo permanente de las riquezas del paí­s.

El dí­a de ayer, miles de guatemaltecos compartieron con las nuevas autoridades del Estado un simbólico brindis con atole de elote, mismo que representó el compromiso social de una polí­tica de desarrollo para las clases más necesitadas, que les permita vivir con el mí­nimo de dignidad como personas humanas tal y como lo estipula la Constitución Polí­tica de la República de Guatemala y los ideales de estos tres mártires guatemaltecos.

Guatemala espera que este nuevo equipo de gobierno, haga honor a su palabra empeñada ante doce millones de guatemaltecos y más de setenta representaciones internacionales que vinieron a ser testigos de su palabra de honor.