A estas horas, cuando comienza a circular este vespertino del campo independiente, el ingeniero ílvaro Colom Caballeros va poniendo un pie en el estribo, presto a emprender la carrera en el potro de la cima burocrática para jugar a su «socialdemocracia».
Debe don ílvaro de estar sintiéndose en una tremenda encrucijada, muy vacilante, incluso muy temeroso de no poder quedar bien con Dios ni con todos los diablos. Está consciente, sin duda, de que hay toda una complejidad de problemas y necesidades que por diversos motivos son difíciles de afrontar, sobre todo porque ciertos grupos de volanderos y relajeros expresan descontento por todo, aun hasta de haber nacido y, para no perder el «costumbro», protestan en plazas, calles y carreteras haciendo relajos que dan la idea de una situación de anarquía galopante.
El nuevo timonel del «cayuco» ha estado escogiendo a la gente que habrá de acompañarlo a lo largo de la jornada o, al menos, durante algún tiempo del reinado; pero, como a los que han quedado con las cajas destempladas, refunfuñando y lloriqueando en la llanura por no haber tenido chance de participar en la cosa pública, no ha de «avoluntarles» la integración del principal equipo palaciego. Esos inconformes deben de estar a la expectativa para ver la calidad, buena o mala, de las acciones del nuevo orden establecido.
En Guatemala tenemos todo un volcán de problemas por demás preocupantes; nos demuestran que será difícil solucionarlos en la medida de las exigencias de la sociedad, principalmente de la masa popular desastrada para la que no ha sido muy bondadosa la flamante democracia que se ha venido estilando de administración en administración y, valga decir, no infunde mucha confianza en la generalidad de guatemaltecos la decantada socialdemocracia que quiso darnos desde los tenebrosos días del pasado, Manuel Colom Argueta, tío del gobernante que este día lunes 14 a las 14, como decía fachendosamente un frustrado presidenciable de la politiquería partidista, estamos estrenando con fastuosidad y comilonas en compañía de políticos encumbrados de varios países. No falta, por supuesto, todo un enjambre de sagaces pescadores de la noticia de la prensa nacional y extranjera.
Sustentamos la tesis de que a los hombres que como a horcajadas cabalgan en las posiciones gubernamentales de gran responsabilidad, debe juzgárseles, en razón de sus actuaciones, no a priori, sino a posteriori, en cuanto a lo que hacen o dejan de hacer, y eso es lo que conviene y procede, tras hacer un prudencial compás de espera, respecto del «ensayo» de los señores de la UNE que apenas se hallan, por así decirlo, iniciando la «domingada».
Ya tendremos oportunidad de comentar en este espacio del diario La HORA, lo positivo y/o lo negativo que pueda parecernos, desde los respectivos ángulos de apreciación el trabajo de los señores que enarbolan pancartas de la socialdemocracia que podrán ir del brazo y por la calle de las amarguras con los histéricos comandantes de oprobiosos regímenes liberticidas (los que taimadamente suelen ser envueltos en trapos «democráticos») de nuestra alegre América Indiana.
Siempre daremos, conste, al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.