Ese trillado beneficio de la duda nos debe incitar


Durante el proceso de las recientes campañas electorales, ninguno de los dos finalistas a la segunda vuelta capturó mi voluntad, aunque por mis conocidas inclinaciones izquierdistas nunca revoloteó por mi mente la lejana idea de depositar mi voto a favor del militar Otto Pérez Molina.

Eduardo Villatoro
eduardo@villatoro.com

Tení­a razones para no volcar mi entusiasmo por el entonces candidato presidencial ílvaro Colom, y mi desilusión se acrecentó cuando el joven periodista José Carlos Marroquí­n renunció abruptamente de la posición a la que habí­a sido invitado por el abanderado de la UNE, porque consideraba que las ocultas fuerzas del crimen organizado habí­an penetrado en la cúpula del que dentro de dos dí­as será el partido oficial.

Probablemente lo que más influyó para que yo personalmente y otro indeterminado número de guatemaltecos de pensamiento progresista no apoyáramos abiertamente al aspirante presidencial de la UNE, obedeció a la falta de determinación del candidato Colom en lo que respecta a su posición de cara a inveterados problemas que agobian a las familias más empobrecidas del paí­s, incluyendo, asimismo, lo relacionado con la polí­tica fiscal que aplicarí­a desde el poder, su reacia actitud de dar a conocer de inmediato su programa de gobierno y sus supuestos ví­nculos con la oligarquí­a que estarí­a financiando su campaña, entre otros factores que inducí­an a votar nulo en las elecciones de segundo grado, sobre todo porque el otro candidato representaba las fuerzas más conservadoras de Guatemala.

Un elemento que, sin embargo, alentaba las expectativas por la candidatura del ahora presidente electo lo constituyó la presencia pública, en el último tramo de la carrera de proselitismo electoral, de la señora Sandra Torres de Colom, puesto que le imprimió un carácter de naturaleza popular a las pretensiones presidenciales de su marido, y de esa cuenta, con su aparición en los escenarios polí­ticos, la esposa del candidato de la UNE contribuyó a su victoria, especialmente porque atrajo el voto de los sectores desposeí­dos.

Como escribió hace unas semanas Oscar Clemente Marroquí­n en su leí­da columna, puede que nos hayamos equivocado al juzgar la candidatura de Colom, al no distinguir mayores diferencias programáticas e ideológicas con su adversario, toda vez que se percibí­a cierto grado de coincidencia entre los discursos de los dos contendientes en los temas prioritarios, aunque durante el mes previo al dí­a de las votaciones se ahondó la distancia en los planteamientos en torno al combate a la delincuencia, en virtud de que el abanderado de la UNE cambió su estrategia, al anteponer la aplicación de recursos racionales en la lucha contra el crimen y la violencia, que el simple y desorbitado uso de la fuerza bruta que pregonaba implí­citamente el ex candidato Pérez Molina.

A estas alturas, cuando hemos escuchado de labios del presidente electo sus prioridades y su declarada vocación social demócrata que va de la mano con su preferencia por defender los intereses y derechos de los pobres, uno se pone a pensar que el entonces candidato de la UNE fue muy astuto durante el desarrollo de su campaña electoral, puesto que para no asustar a la plutocracia, se abstuvo de trazar las grandes lí­neas de su plan de gobierno, en vista de que al hacerlo, como lo ha hecho desde que se conoció su victoria en las urnas, posiblemente el gran capital se habrí­a volcado a financiar al lí­der del Partido Patriota, para aplastar con sus enormes recursos económicos la tercera intentona de Colom.

Podrí­a ser, entonces, que muchos de los guatemaltecos que no apoyamos al ex candidato presidencial de la UNE y que navegamos real o hipotéticamente con banderas de la dispersada izquierda, nos hubiésemos equivocado al juzgar anticipadamente los propósitos de Colom y que le lanzamos punzantes e infundadas crí­ticas, sin estar enterados de lo que se proponí­a o se plantea realizar durante los próximos cuatro años.

Personalmente, espero que me haya equivocado rotundamente en mis juicios.

(Romualdo Huneí­sta, quien asumirá como funcionario de segunda categorí­a con el nuevo gobierno, pidió una pizza por teléfono y cuando le preguntaron si se la partí­an en 4 o 6 piezas, respondió -Mejor sólo en dos rebanadas, porque yo no me puedo comer tantas porciones)