El simbólico Palo Volador


Uno de los temas más socorridos en esta etapa de transmisión de mando ha sido la crí­tica formulada por distintos sectores al nuevo gobierno por la falta de inclusión a indí­genas y mujeres en el equipo que tomará posesión el próximo lunes. Un indí­gena en el gabinete comparte responsabilidad con una solitaria mujer y ello ha permitido que se cuestione la idea expresada al dí­a siguiente de su elección por el ingeniero Colom, sobre el sabor a tortilla y frijol y el rostro maya de su socialdemocracia.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Ayer en la Plaza Central elementos del Cuerpo de Ingenieros del Ejército se afanaban por dejar colocado el Palo Volador que usarán algunos indí­genas para mostrar a los capitalinos y a extranjeros que nos visitan, la maravilla de esa antigua tradición maya. Pero obviamente que el tema hace pensar en que nuevamente se utiliza nuestra diversidad cultural más como tema de folclor que como parte de nuestra enorme riqueza cultural, porque no deja de llamar la atención que para la entretención de los visitantes sí­ se acordaron de lo hermoso de nuestra mezcla de culturas, pero no hubo el mismo celo a la hora de integrar los equipos de gobierno. Algunos grupos indí­genas hasta han cuestionado al único representante de ellos en el gabinete por considerar que esa «representatividad» es muy cuestionable.

El tema de la participación por cuotas ha sido utilizado en muchos paí­ses para dar oportunidad a minorí­as de tener alguna participación en la vida nacional, pero en el caso de Guatemala hay que entender que no estamos hablando de una minorí­a sino de la mayorí­a de los habitantes del paí­s que conforman la población indí­gena. Si se puede discutir el tema de las cuotas, en el caso de Guatemala estamos hablando de una realidad totalmente diferente porque aquí­ resulta que históricamente la mayorí­a es la que ha sido no sólo ignorada, sino deliberadamente marginada.

Yo he sostenido que Guatemala es un paí­s que tiene fuertes expresiones de racismo en el comportamiento cotidiano y lamentablemente ello se confirma con detalles como el que ahora comento, puesto que nada más racista que tomar en cuenta al indí­gena sólo como expresión folclórica e ignorar su capacidad, talento y preparación para participar en los procesos polí­ticos del paí­s, sobre todo cuando se habla de un cambio profundo, de un volver la vista a la Guatemala abandonada y profunda en donde viven quienes por siglos han permanecido marginados y olvidados.

La socialdemocracia tiene que privilegiar al ser humano frente al mercado y tiene que preocuparse por el fortalecimiento de la capacidad reguladora del Estado para evitar abusos y excesos en contra de los sectores más vulnerables de la sociedad. Esa esencia de la socialdemocracia demanda, desde luego, que se supere el criterio de paternalismo que pueda expresarse en una sociedad ladina «protegiendo» a la sociedad indí­gena porque está visto que lo que necesitamos es una plena integración, compartir responsabilidades y respeto mutuo para lograr fines comunes.

El Palo Volador me parece un nuevo capí­tulo de las edecanes de Casa Presidencial. Hubiera estado bien en un gobierno más plural desde el punto de vista étnico, pero en uno más de los de siempre, es usar al indí­gena como estampa para atraer turistas.