Desde la firma de los Acuerdos de Paz, los guatemaltecos y guatemaltecas nos hemos esforzado por buscar una nación más incluyente; la palabra «interculturalidad» se nos ha metido en nuestro idioma y, aunque no la entendamos, queremos aplicarla.
mcordero@lahora.com.gt
Sin embargo, no estaría de más señalar que todo eso es letra muerta y que, aunque nuestro racismo no es tan violento, mentalmente seguimos manteniendo las mismas estructuras de pensamiento. He ahí el recién nombrado Gabinete de Colom, donde sólo sobresale un indígena (en una cartera donde, pareciera, ser maya es requisito para dirigirla) y una mujer; algunos pocos mestizos y la mayoría criollos. Porque sí, habría que aceptar que existe diferencia entre criollos, ladinos, mestizos y extranjeros, varios grupos que se han escudado a lo largo de décadas bajo la denominación de «ladinos».
Claro está que Colom no tiene la culpa, y que de la noche a la mañana no puede producir un indígena experto en integración centroamericana, o un garífuna con un doctorado en Medio Ambiente o una mujer para dirigir el Ministerio de Defensa. Es como que, de repente, el seleccionador de fútbol se inventara un volante creativo; si no se elige es porque no hay.
La culpa es del sistema que no los ha producido, pero tampoco se ve que se realicen esfuerzos por producirlos de aquí a 40 años. Este mismo sistema también nos ha hecho que pasemos por invisible este sistema de exclusión; uno de los grandes logros de los grupos de poder es el de eliminar la conciencia de clase, sobre todo de esa gran masa de gente que se aglutina en el polimorfo grupo de los «ladinos o mestizos». Difícilmente conocemos nuestro árbol genealógico más allá de nuestros abuelos, si mucho a nuestros bisabuelos.
Las relaciones humanas en Guatemala aún siguen dictaminándose por la etnia. Habría que notar, como dije, el Gabinete de Gobierno. Pero no sólo eso: los decanos de las universidades, los directores de las ONGs, los altos ejecutivos de las grandes empresas, el seleccionador de fútbol, todos ellos necesariamente son criollos o extranjeros; ni siquiera mestizos o ladinos, mucho menos indígenas o garífunas.
La política en Guatemala es como la selección de fútbol de Brasil: los que «hacen el juego» son mestizos, entre más oscura la piel más talentosos, pero el entrenador necesariamente debe ser un «blanquito», como Lobo Zagallo, Parreira o Dunga; nunca Pelé o Romario, mestizos por donde quiera que se les vea.
Y otros ejemplos pueden surgir en nuestro país, en donde la etnia no ha sido factor determinante, pero sí termina de inclinar la balanza. Surge, por ejemplo, la extraña falta de apoyo en las últimas semanas de parte de la clase hegemónica a la campaña de Pérez Molina, que no precisamente podríamos decir que es un criollo. O el cierre de Bancafé: ¿no habrá influido la falta de alcurnia de los González? E, incluso, ¿no se le habrá erizado el pelo a más de algún criollo ante la fuerza de Guayo para la presidencia?
Si un director de un periódico matutino o los críticos de literatura que en él trabajan, realizan una lista de los mejores libros del 2007, referirán sólo los libros de los criollos o de extranjeros, pero dejan en el olvido a los de los mestizos e indígenas, no digamos de los garífunas.
Y, para recalcar en el tema de moda, en el Caso Parlacen, ese «temible criminal» al que el Ministerio Público dio por llamar «Montaña 3», y que hace algunas semanas había asegurado que era un empresario, el mestizo que ahora se conoce por ese mote, no pareciera ser la cabeza de la banda. No cabe duda que la alcurnia ahí implicada ya se lavó su carita, y dejó metido a un «Manolito» Castillo que, aunque se lo mereciera, hay una clara intención de involucrarlo, dejar fuera a los criollos guatemaltecos y salvadoreños (de quienes nada se han dicho si han estado implicados). O tal vez remontarnos a la furtiva y veloz decisión de la Corte de Constitucionalidad de rechazar que la justicia española caiga sobre generales de Guatemala; ¿no habrá una razón étnica (criolla) ahí metida? No lo sé; sólo divago.
www.diarioparanoico.blogspot.com