En peligro el derecho de llave. En medios oligárquicos, caciferos, marroquinistas y empresariales ha trascendido que personas como Adam Smith, Von Hayeck, Ludwig von Mises, Milton Fridman, Margareth Tatcher, Ronald Reagan, y otros menos conspicuos, están virtualmente con el fustán levantado, en ascuas, en alerta naranja, encomendándose y poniéndole veladoras de colores a Pluto, a Creso, A Midas, a Pedro de Alvarado, a Ubico y a Castillo Armas, ante la fatal asunción de un supuesto gobierno socialdemócrata -ya debidamente satanizado por diversos medios abiertos y clandestinos- en el que perderían su tradicional y arraigado derecho de llave, llavín y candado, con el que han sugerido, aconsejado, ordenado o impuesto a funcionarios afines, además del privilegio de ingresar hasta las propias recámaras reales, del monarca de turno. O sea que la cosa está en veremos. (No obstante, en el honorable establo nacional hay más de un representante reelegido de los intereses comerciales del imperio, por ejemplo, pero pagado con nuestros impuestos).
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Quijotes de la adopción. Varias personas consultadas al azar, aseguran sentirse conmovidas -«al borde de las lágrimas»- ante ese innegable humanitarismo que vienen demostrando algunos señores abogados y señoras abogadas paladines de la mística adoptiva; es decir, esa gran sensibilidad, compasión y comprensión manifestadas hacia las parejas que desean adoptar a un niño, pero sobre todo hacia los propios infantes desamparados, sin esperar virtualmente nada por ese apostolado al que dichos juristas se han entregado en cuerpo y alma. Enternece, estruja las más tiernas vetas del corazón emocionado, enterarse que en este mundo despiadado e inhumano -o sea en este valle de lágrimas-, secuestrado por el glorioso mercado, todavía quedan unos pocos hombres y mujeres de leyes abnegados y verticales, que a costa de innombrables sacrificios, renuncias y privaciones, se dan por entero a la noble e incomprendida lid jurídica de que una persona se haga cargo legalmente de otra y la tome como hijo propio; todo ello sin esperar nada, lo que se dice nada, a cambio, tan sólo satisfacción moral o una retribución ética por el deber cumplido. Más o menos como don Quijote, que antepuso sus ideales a su propio provecho. Buen provecho.
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Natural transfuguismo. En mi buzón electrónico de madera sin cepillar recibí una aclaración de conocido tránsfuga, quien me asegura que en el país de la eterna el transfuguismo es lo más natural (sic= que existe, ya que todos los políticos son coyotes de la misma loma; ir de un partido a otro no equivale a pasarse de este lugar a uno diferente, ni a la adopción de ideario distinto o contrapuesto. Lo que los ignorantes llaman transfuguismo, según me corrigen, es como cambiarse de un cuarto en el mismo motel o pensión.
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Párrafos sueltos.
De los honorables diputados reelectos o no reelectos, con mucha pena y nada de gloria, el 95% regresa al anonimato antes de su inevitable destino en el basurero de la historia.
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Caso «Manolito» montañista tres: la fuga de información se fugó con todo y fugado.
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De médico, poeta, música, analista independiente y loco, todos tenemos un poco.
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Según ha trascendido, en Campeche están terminando los preparativos para recibir como se le merece a Buenagente Bershé, hijo pródigo y predilecto de aquel estado mexicano.
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Agradezco al Uaito Biatoro el petate de repuesto, made in Tejutla, que se sirviera enviarme vía ciberespacial, pues el otro ya está todo haraposo de tanto caerme en él.