¿Cuál es la calificación que a este gobierno saliente se le puede asignar? Esta es la pregunta de quienes, traumatizados por el sistema de evaluación escolar, tienden a ponerle nota a todo lo que se les pone a la vista. «Â¿Cuánto le pondrías a esa chava?», me preguntó un amigo el otro día en un centro comercial. Y yo, de manera muy natural le respondí: «ochenta y ocho punto cinco». Y continué: «Creo que pasa muy bien la prueba». Traumados que estamos.
Pero bien, a este gobierno, siguiendo con el trauma escolar, se le puede poner una calificación. ¿Cuánto le pondría usted? ¿Con base a qué criterios? ¿Una evaluación subjetiva u objetiva? Olvidémonos de tantos rollos que quizá sólo a los pedagogos interese y mejor demos una calificación con base a los latidos de nuestro corazón que es lo que en la vida pública (a veces también la privada) importa. Demos vía libre a nuestra percepción y asignemos la nota. «Voy primas», como se dice en buen chapín.
Yo le daría a este gobierno un sesenta y uno (lo que significa en algunas universidades pasar arrastrado el curso) si lo considero con piedad y benevolencia. Veamos por qué. En primer lugar, este ha sido un gobierno en el que el Presidente aunque de inteligencia calamitosa se muestra como simpático a la población. Admitámoslo, estamos cansados de tantos pícaros que nos han gobernado: Ríos Montt, Cerezo Arévalo, Arzú Irigoyen… Y el problema es que no sólo han tenido cara de pícaros sino que lo han sido también. La población ha tenido oportunidad en este gobierno de tipos así como el Presidente actual: con cara de yo no fui (aunque se sabe, han sido evidentes sus picardías en las concesiones para que hagan dinero sus amigos y, también dicen por ahí, sus familiares).
Dos. Este gobierno si bien ha hecho muy poco por los pobres, se ha preocupado por las carreteras. Eso ha sido evidente, como lo humano no va con ellos (con los empresarios de la Gana) y sienten aversión y odio por los menos favorecidos, le apuestan a las cosas y en este caso les ha fascinado el rollo de las carreteras y los aeropuertos. En otros rubros de la construcción han sido mediocres, pero, otra vez, es porque han estado de por medio los pobres a los que no pueden ni ver en pintura. Un ejemplo que ya es proverbial en ellos fue su inutilidad para ayudar a los afectados por las catástrofes, el Stan es una prueba. Su inutilidad sin duda ha hecho aparecer a un ílvaro Arzú (que fue efectivo con el Mitch) como casi un dios.
Tres. Hay que admitir que con los medios en general (especialmente con la prensa) han sido geniales. Prácticamente, a excepción de La Hora y otros dignos medios, han sido intocables. Incluso, todavía hoy, algunos medios dicen que sus encuestas lo colocan (al presidente Berger) como un gobernador con mucha aprobación popular y, para escándalo de muchos, su esposa ha sido llevada casi a la gloria de Bernini, a la par de Madre Teresa. ¡Imagínese usted! Igualito al trato que le empiezan a dar a la esposa de ílvaro Colom, ¿no es cierto?
Sesenta y uno es la nota que le daría yo a este gobierno, siendo benévolo y buena onda. Urge hacerlos pasar -al gobierno- (como en la escuela) a otro grado, no vaya a ser que repitan y entonces sí nos lleva el Diablo.