La presentación del gabinete del gobierno que se instalará el próximo lunes no trajo mayores sorpresas y realmente corresponde con lo que se había anticipado. Muchos critican ya la falta de «pluralismo» en el colectivo, haciendo referencia de manera muy concreta al tema étnico y de género, en los que no se logró una inclusión de representantes de ambos sectores que en Guatemala no son minoría, pero que tienen históricamente una representación muy pobre.
En realidad se trata de un equipo con dos vertientes que son importantes. Por un lado están los socialdemócratas que militaron junto a Alberto Fuentes Mohr y, sobre todo, junto a Mario Solórzano Martínez, quienes ocupan puestos clave en el gabinete de gobierno. Y por otro lado están como cercanos colaboradores del mandatario quienes contribuyeron financieramente al esfuerzo de campaña. Generalmente los financistas no participan en puestos de gobierno y prefieren operar sus influencias en la sombra, pero en el caso presente ocurre algo distinto y que posiblemente sólo tenga como referente el caso de Francisco Alvarado con Portillo, cuando uno de sus hijos fue gerente de la Presidencia.
Importante es ver que el Presidente Electo dijo algo que La Hora ha venido repitiendo desde hace mucho tiempo. El sistema ya colapsó y hacen falta revisiones profundas para permitir que funcione y se supere la crisis que nos ha llevado a esa condición de Estado fallido al que algunos le ponen la benévola etiqueta de Estado a punto de ser considerado fallido. En ese sentido la coordinación entre las instituciones será muy importante pero más lo será el liderazgo que tiene que ejercer el Presidente para que todos sus colaboradores asuman con urgencia la tarea de hacer eficientes y funcionales a las dependencias que les han sido encomendadas. En realidad no puede uno decir que exista hoy en día algún ministerio que funcione correctamente y en el que simplemente hay que continuar con el trabajo. Todo el aparato estatal está carcomido por la ineficiencia y la corrupción porque eso ha convenido a un sistema que se nutre de su misma descomposición y que ha permitido el crecimiento de poderes paralelos que incrementan su poder al punto de que en regiones del país son ya el único poder.
La tarea de gobernar a Guatemala no es fácil y se complica más por el deterioro de las instituciones que se han vuelto inoperantes e incapaces de cumplir eficazmente con sus fines. Véase el desastre de Salud Pública y Educación para señalar apenas los dos ministerios cuyas carencias más repercuten en el largo plazo del país, no digamos el sector justicia y de seguridad que son otras cacharpas inoperantes. El rescate de la institucionalidad es el primer desafío del equipo presentado ayer