Vientos, apagones y sismos


El inicio del 2,008 es con el pie izquierdo. Cuando da su primer paso el Año Nuevo ocurren esos eventos de la naturaleza. Por una mera coincidencia afectan al paí­s casi simultáneamente. Lo hacen en forma temible e impresionante de modo considerable. En tanto aun los habitantes sienten la resaca de los festejos.

Juan de Dios Rojas
jddrojas@yahoo.com

En sí­ntesis datos estadí­sticos dan cuenta de voladuras de techos de lámina que originan ver el cielo estrellado obligadamente. También los vientos huracanados arruinan tramos viales y restantes obras de infraestructura fí­sica. De suyo la gente se encuentra con demasiado estrés, situación que da pie para complicar todo.

Los planes de contingencia hasta última hora son una realidad. Una vez más se demuestra cómo en casos de tal í­ndole nos hallan sin la necesaria condición de prevención. Dicho de otra manera caemos en el señalamiento que en el camino se arreglan las cosas.

Para muestra un botón, el irresoluto hoyo del Barrio San Antonio, zona 6, donde sus pobladores siguen hepáticos y neuróticos. La cultura de tal género necesita sobremanera de «ponerse las pilas». Indiferencia, indolencia y apatí­a para qué. La acción efectiva debe demostrarse con el movimiento.

La suspensión del servicio eléctrico vino a sellar el caos generalizado. A resultas obviamente de los vientos huracanados quedaron derribadas torres de transmisión. Semejante a los estragos del fantástico King Kong. Situación en suma, confusa y crí­tica, para los pelos de inmediato, sin excusa.

Escuintla, departamento sureño del territorio patrio, a tiempo de escribir los presentes renglones lleva más de cinco dí­as sin el fluido indispensable. ¿Descuido? ¿No darle importancia a un sector capaz de convertirse en motor del desarrollo industrial y comercial? No hay derecho.

Por primera providencia las autoridades encargadas disponen apagones de 1 hora, entre las 6, 7 y 8 de la noche. Tiempo que los amigos de lo ajeno y delincuentes hacen de las suyas, por lo tanto son beneficiados. Pero así­ suceden las cosas y asimismo la nota roja ocupa espacios a granel.

Dicha coincidencia incluye una cadena de sismos en todas partes. Fenómeno natural que saca de sus casillas a todo el mundo. Ante su secuencia nadie puede tener calma y tranquilidad. Guatemala es un paí­s con fallas geológicas que ocasionan movimientos telúricos en el inicio del año 2,008.

Sin duda la superstición surge en el acto. Puntualiza frontalmente ser a consecuencia del hecho que 2,008 tiene categorí­a de bisiesto. Sean personas de fuerte, mediana o endeble complexión, actúan igual de cara al evento que estremece la tierra y hace olvidarse de recomendaciones y prevenciones dirigidas a la población en pro de su seguridad.

Sale a luz pública, que no al final del túnel, que en las interioridades del ser humano persisten situaciones imposibles que el modernismo, avances cientí­ficos y demás hierbas, consigan erradicar. En pleno siglo XXI cobran protagonismo recalcitrante de verdad, sus adeptos conforman legiones innumerables por lo visto, sabido y oí­do.

Es de esperarse que las autoridades competentes, o no, accionen lo antes posible ante la auténtica emergencia que vivimos. Sea similar al hecho de quien se quita una chispa del trasero. Lejos también de sólo bla, bla, bla. Ojalá no tenga larga duración el racionamiento eléctrico. Todo lo anterior y algo más, a propósito del inicio crí­tico del año 2,008.