Noventa son los diputados que este año le dicen adiós al Congreso de la República. Los días en los que sus cuentas bancarias eran llenadas mes a mes con 29 mil quetzales quedaron atrás. Muchos de ellos ni siquiera figuraron en los medios de comunicación porque sus intervenciones en el pleno fueron escasas o nulas, o simplemente no hicieron propuestas de relevancia. Algunos rostros conocidos hoy dejan su curul, fueron consultados sobre las cuestiones que extrañarán y lo que más les desagradó del Organismo Legislativo.
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Muchas son las anécdotas que los diputados tienen, sobre todo aquellas relacionadas a las críticas de la opinión pública y el tráfico de influencias, pero otras van por el orden de las peticiones de los guatemaltecos que día a día se escondían en los pasillos del Palacio Legislativo para interrumpirles el paso en el momento menos esperado, en busca de ayuda, económica sobre todo.
La anciana que extiende la mano para pedirle a los diputados un billete que les sobre por la enfermedad de su hijo. El maestro y padre de familia que cada inicio de año busca al «padre de la patria» que quiera contribuir con los libros y las puertas de la escuela, sin dejar a un lado al pícaro estafador que dice ser amigo de todos los parlamentarios, lo vocea y le pide 50 quetzales prestados, pero que nunca paga, son algunas de las típicas situaciones con las que lidian a diario los diputados distritales.
Los que ahora se van dejan en el Congreso una huella, buena o mala, el pueblo lo calificará, lo cierto es que algunos rompieron con más de 12 años de trabajo legislativo, mientras otros solo saborearon las mieles del poder por cuatro años.
Rosenda del Carmen Pérez Valles de Castellanos es la diputada del Frente Republicano Guatemalteco que ganó una curul por Petén. Su candidatura fue promovida durante las elecciones de 2003 como la lideresa de los ex patrulleros de autodefensa civil. En el pleno, fue una de las parlamentarias que ocasionalmente solicitaba la palabra y si lo hacía era para defender su departamento o los derechos de la mujer.
«Como diputada me voy contenta, no quería regresar (al Congreso). Voy a extrañar mucho a los diputados que conocí, a los que trabajan por sus distritos», dice Pérez, mientras viaja rumbo a su pueblo natal donde se le conoce por su cercanía con los Cocodes. «Me voy decepcionada por un lado, porque hay leyes que no se aprobaron; pero por otro conocí gente luchadora», puntualizó la legisladora petenera.
La diputada cuenta entre sus recuerdo las muchas veces que salió de Melchor de Mencos, a bordo de su vehículo, para recorrer por dos horas la carretera donde los presidentes de los Cocodes la esperaban a orillas del tramo con papeles en mano para que les ayudara a gestionar proyectos de desarrollo. «Le cumplí al Congreso y a mi partido, porque no hice propaganda para reelegirme. Ahora tengo nuevas metas, ya sé por donde se entra y por donde se sale», dijo la representante de los ex PAC.
Jorge Luis Ortega Torres es otro de los legisladores que se van «para no volver» o quizás después, mucho tiempo después, cuando al pueblo de Guatemala se le olvide que fue él quien promovió la indemnización de los 90 diputados no reelectos, lo que le costó la «vida política» pues el desgaste causado por sus iniciativas, como la del gas propano, dejan un mal sabor de boca a la opinión pública.
Vinicio Cerezo Arévalo, ex presidente de la Nación, es otro de los diputados que se despide de su curul. «No voy a extrañar nada, al contrario, tengo cosas más positivas que hacer fuera del Congreso. Lo que sí voy a extrañar es la mucha crítica y el poco reconocimiento al trabajo legislativo», declaró Cerezo, quien en muchas ocasiones fue calificado como el parlamentario faltista, por sus ausencias en las sesiones plenarias. Cerezo se lleva entre la maleta 12 años de experiencia como legislador. Cuatro durante el período de 1974 a 1978 y los ocho años consecutivos acumulados desde 2000.
El comandante Pablo Monsanto, incansable aspirante a la primera magistratura también dice adiós al Congreso. Su salida en realidad viene desde el inicio de la campaña electoral. Después de su derrota, poco o nada se supo de él. Ahora se lleva consigo la desaparición del partido Alianza Nueva Nación del que era fundador, junto a otros amigos suyos que se autodenominan de izquierda y no izquierdistas, dicen sus asesores, porque el significado es distinto.
Roberto Alfaro es otro de los diputados que dejan un vacío en el Congreso, pero según sus compañeros este vacío se debe a que Alfaro se caracteriza por sus chistes y su buen humor. «Creo que extrañaré la facultad de fiscalización que tiene un diputado. La acción gubernamental en favor del ciudadano común», declaró el parlamentario de Encuentro por Guatemala, quien logró ingresar al Legislativo cuando formaba parte de las filas del Partido de Avanzada Nacional, PAN.
Asegura Alfaro que lo que nunca le agradó fue que los juzgaran a todos (los diputados) por igual. «El Congreso se administra con mucho desorden y anarquía. Nunca había trabajado en un lugar tan anárquico y donde por un diputado le cae a todos», dijo.
Guillermo Sosa del Frente Republicano Guatemalteco, a quien las secretarias del Organismo Legislativo recuerdan por su parecido con Luis Miguel, lo que le mereció que algunos de sus colegas le llamaran «el diputado metrosexual», es otro de los que se van el 14 de enero. Su parentesco con el general Efraín Ríos Montt podría valerle su pronto regreso al Congreso, pero nada está escrito en política, por lo que continúa despidiéndose de sus compañeros.
La ex magistrada Conchita Mazariegos Tobías también preparó sus maletas. Aclara que si no resultó reelecta fue porque no se postuló como candidata. El pueblo la recuerda por haber dado su apoyo a la indemnización de 90 parlamentarios salientes, lo que le costó la expulsión del Partido Patriota. «No estuve el tiempo suficiente para acoplarme al ritmo del Congreso, no voy a extrañar más que a mis amigos, los que ya conocía y los que hice. Creo que no se genera ni se produce de acuerdo a las capacidades de algunos diputados», declaró Mazariegos en referencia al trabajo legislativo.
De estatura baja, regordete y con una sonrisa para todos, así recuerdan los diputados a su colega Héctor Pérez Rojas, otro de los que se va. Entró con la Gran Alianza Nacional a la cual se integró por ser uno de los allegados a Berger. Aunque su llegada al Congreso se da como diputado suplente, a mitad del período sale de la bancada oficial junto a otros diez diputados para integrar la bancada solidaridad y finalmente ingresa a las filas del PAN donde apostó por su reelección con resultados negativos.
«Voy a extrañar el trabajo de una institución por la que se luchó para reflejar la imagen de eficiencia», dice Pérez, quien solía llamar a sus compañeros querubín. Confesó el diputado que lo que no extrañará será la ambición de algunos y las ganas de trabajar que no satisfacen a quienes califican el qué hacer legislativo.
Entre sus anécdotas recuerda «la más alegre y satisfactoria que tuve fue que a pesar de ser suplente, siempre tuve la oportunidad de participar y alguien se acercó y me dijo un día que mi cualidad era ser bromista y luego convertirme en el diputado amigo (sonríe). Lo más curioso es que la mayoría de estos comentarios venían de mis compañeras diputadas», dice.
La lista de quienes no se quedarán en el Congreso continúa con Haroldo Quej, quien participó como candidato a vicepresidente del Frente Republicano Guatemalteco, Rolando Morales, presidente de la comisión del Menor y la Familia donde se emitió el dictamen a la ley de adopciones. Mario Vásquez, primer secretario de junta directiva saliente y del PAN. íngel Mario Salazar, quien ingresó al Congreso con la Unidad Nacional de la Esperanza, partido con el que rompe relación tras postularse como candidato a Procurador de los Derechos Humanos, resultando perdedor junto a una serie de señalamientos entre él y ílvaro Colom, sin contar la ausencia de respaldo a su candidatura por parte de su bancada.
Doce años de permanecer en la casa del pueblo deja atrás el diputado Víctor Ramírez, quien por tres años consecutivos ostentó la Presidencia de la Comisión de Finanzas del Congreso, hasta que fue destronado por su colega Manuel Baldizón. Dice Ramírez que va a extrañar la manera como se llevaba con sus compañeros de bancada. «La camaradería, éramos como un equipo de futbol, todos trabajando en equipo, siempre contando chistes, haciendo comentarios de cuestiones profundas o triviales, pero siempre con humor. Por otra parte voy a extrañar que en las comunidades la gente le pide ayuda. Que a uno lo vean como una autoridad. Todo me gustaba, yo vivía contento en el Congreso, tenía muchos amigos», confiesa el diputado de Retalhuleu.
Otros no volverán, pero no porque no quieran, sino porque en su pasado muchas situaciones turbulentas salieron a luz. Héctor Loaiza Gramajo, el diputado al que su ex bancada PAN le dedicó la canción «Dale más gasolina» por su vinculación al robo de combustibles, también sale del Congreso de la República. Diario La Hora intentó entrevistarlo pero a cambio su teléfono celular contestó con la canción de moda que dice: No, no me diga que no… una negativa rotunda que solo trajo el recuerdo de los días en los que el escándalo fue destapado y cuando llegaba al Palacio Legislativo era solo para marcar la asistencia o cobrar su cheque puntualmente.
Loaiza Gramajo seguramente no ha olvidado que «el catorce a las catorce» o quizás unos minutos antes, perderá su inmunidad y será perseguido penalmente como cualquier ciudadano guatemaltecos hasta que se compruebe su inocencia o culpabilidad.
Quien definitivamente no extrañará al Congreso será el aún diputado y hoy prófugo de la justicia, Manuel de Jesús Castillo Medrano, vinculado al asesinato de los tres diputados salvadoreños al Parlacén y su piloto. Manolito como lo conocían todos en el pleno, es otro de los que al principio guardó el buen humor para las sesiones, aunque a veces le disgustaba que le llamaran Chucky como el «muñeco diabólico» de la película, y es que sus compañeros aseguraban que él tiene mucho parecido físico con este personaje.
Así el resto de diputados que no se reeligieron dicen adiós. Los que sí lograron con éxito aferrarse a su curul dicen que la reelección es más dura que la elección, porque deben cargar con el desgaste personal y con el del partido. Habrá que esperar cuatro años para saber quiénes continuarán siendo «dinosaurios del Congreso».