Policías británicos llegaron hoy a Pakistán, a petición de Islamabad, para ayudar en la investigación sobre el asesinato de Benazir Bhutto, con lo que el presidente Pervez Musharraf espera poner fin a la controversia que rodea a la muerte de la opositora.
Seis hombres, especialistas en antiterrorismo de Scotland Yard, llegaron a última hora de la mañana al aeropuerto de Islamabad y partieron en un vehículo sin hablar con la prensa.
Ayer Musharraf había declarado que no estaba «enteramente satisfecho» de la investigación que lleva a cabo la policía paquistaní, pero insistió en que ni el gobierno ni los servicios de inteligencia habían intentado ocultar información.
Ocho días después de la muerte de Bhutto, víctima de un atentado suicida, Musharraf justificó así su petición a Gran Bretaña para que enviase a sus expertos en antiterrorismos y en medicina forense.
Los investigadores de la policía criminal británica «ayudarán a los policías paquistaníes en su investigación sobre el asesinato de Benazir Bhutto», se limitó a declarar el portavoz del ministerio de Interior, Javed Cheema.
El trabajo de los investigadores de Scotland Yard se verá complicado por los múltiples errores cometidos hasta ahora dentro de esta investigación.
Comenzando por el hecho de que los servicios de limpieza pública lavaron a conciencia el lugar del atentado.
«Estoy seguro de que no lo hicieron con la intención de esconder secretos ni tampoco porque los servicios de inteligencia les ordenaran que escondieran secretos», afirmó Musharraf.
Por su parte, la prensa paquistaní se mostraba escéptica sobre la ayuda que la policía británica podría aportar a la investigación.
«Â¿Qué nivel de asistencia puede aportar la primera célula de investigación criminal del mundo?. Queda poco claro», consideró el diario The News.
Scotland Yard «nos preguntará dos cosas, ¿conocen las causas de la muerte? y ¿tienen un informe de la autopsia? No lo tenemos», reconoció un responsable gubernamental.
El marido de Bhutto, Asif Ali Zardari, se opuso a que los médicos practicasen una autopsia la noche del atentado, el 27 de diciembre, y la ex primera ministra fue enterrada al día siguiente respetando la tradición musulmana.
Creció entonces rápidamente la polémica sobre su muerte.
Islamabad había acusado a grupos islamistas afines a Al Qaida, mientras la oposición señaló indirectamente a altos responsables cercanos al poder y a los servicios de inteligencia.
Estos podrían incluso haber actuado sin conocimiento del jefe de Estado, como la propia Bhutto ya había insinuado tras un primer intento de asesinato, el 18 de octubre, cuando salió ilesa de un atentado suicida en el que murieron 139 personas.
Según las autoridades, Bhutto murió como consecuencia de una fractura del cráneo provocada al chocar contra una palanca del techo de su automóvil cuando intentaba esquivar las balas de un agresor, segundos antes de que estallase la bomba del kamikaze.
Sin embargo, su partido afirma que recibió un disparo en la cabeza.
En este contexto, la llegada del equipo de Scotland Yard parece más un intento de calmar los ánimos que otra cosa.
«Pero sinceramente creo que no se puede hacer mucho más», lamentó el responsable gubernamental.
Queda no obstante la posibilidad de identificar a los autores del atentado gracias a los restos de sus cadáveres, a la reconstitución por parte de los cirujanos del rostro del kamikaze y a las imágenes de los dos presuntos terroristas captadas por cámaras y fotógrafos aficionados.