Ahora que vemos que el presidente Berger está listo para incorporarse al Parlamento Centroamericano luego de todo lo que dijo contra Portillo sobre ese tema, tenemos que concluir que fue absolutamente incapaz de cambiar las reglas de juego en el país y que simplemente usó el tema de la corrupción y la impunidad como retórica, pero sin hacer algo efectivamente para avanzar seriamente en el tema.
La Hora sostuvo desde el inicio de su gobierno que debía aprovechar la forma en que se había sensibilizado la sociedad guatemalteca respecto a la existencia de estructuras profundas de corrupción en el sistema para promover las reformas de fondo que cambiaran cabalmente una metodología que fue diseñada para alentar la corrupción y asegurar la impunidad a los corruptos. Y es que nunca en la historia los medios de comunicación habían escudriñado en las cuentas de un gobierno como se hizo con el régimen de Portillo y por lo tanto la población supo, con detalles específicos, la forma en que se manejaban los negocios públicos. El fideicomiso del IGSS, por ejemplo, sirvió para evidenciar que desde hacía años y durante varios gobiernos se venían usando mecanismos sofisticados para jugarle la vuelta a la ley y evitar la fiscalización. Por fortuna ese fideicomiso no llegó a concretarse y el Seguro Social prácticamente ha recuperado el dinero.
Pero no se puede decir lo mismo de los fideicomisos constituidos en este gobierno, porque exactamente operaron con el mismo patrón que no fue inventado por Portillo y que ha sido el instrumento idóneo para encubrir la corrupción en sucesivas administraciones. Al no cambiar las reglas, el gobierno de Berger prolongó la existencia de un sistema en el que la corrupción no es la excepción sino que tiene que ser la regla porque todo está hecho y organizado para que se pueda meter la mano en los fondos públicos.
Y es una vergí¼enza que hoy, a cuatro años de distancia y cuando la prensa volvió a jugar el complaciente papel de siempre porque los que cayeron en corrupción no eran «gentuza advenediza», tengamos que insistir en que deben cambiarse las reglas porque si Colom no lo hace, alguien en su entorno terminará pecando ante el arca abierta.
No cabe duda que urgen reformas administrativas de fondo para crear sistemas más eficaces que nos hagan romper con vicios como los de los fideicomisos o el traslado de fondos a entidades internacionales que encubren en la inmunidad diplomática la impunidad ante la corrupción. Pero hay que decir que como sociedad tenemos culpa porque lo que nos pareció inaceptable en el gobierno anterior, lo apañamos en estos cuatro años en los que nadie le quiso contar las costillas a nadie.