El asesinato de Benazir Bhutto cometido hoy viene a ser un acto de verdadero salvajismo que sin duda tendrá repercusiones en todo el mundo y especialmente en la región y en el mismo Pakistán que entrará en una etapa de profunda convulsión y cuyo gobierno se verá en dificultades para mantener el orden y la seguridad, salvo que recurra al uso extremo de la fuerza para sofocar las muestras de malestar que ya se empezaron a manifestar a pocas horas de cometido el crimen.
Obviamente todos los índices disponibles hacen pensar que a quien más le convenía este crimen pueda haber sido el Presidente del país, Pervez Musharraff, quien tendría que haber enfrentado a las fuerzas de Bhutto en las próximas elecciones programadas para el mes que viene y en las que todas las encuestas apuntaban a un triunfo de la popular ex Primer Ministro que había vuelto al país en un esfuerzo por afianzar un proceso de democratización.
Dadas las convulsiones que hay en la región y la presencia indiscutible de campamentos de Al Qaeda y de terroristas en ese país, supuestamente gozando de alguna protección del gobierno de Musharraff que trata con ello de ganar algo de estabilidad y sabiendo que con India se mantiene un viejo diferendo que puede alborotarse ahora porque en río revuelto siempre surge algún pescador, no se puede sino pensar que ese crimen tendrá graves consecuencias globales, más allá de lo que ha de ocurrir en el futuro inmediato en Pakistán. La decisión de la señora Bhutto de volver al país fue heroica porque se sabía que existían riesgos contra su seguridad y hay que recordar que el mismo día en que puso pie en el país se produjo en su contra aquel brutal atentado que dejó decenas de muertos. Pero se mantuvo en la lucha política, sabiendo los riesgos que corría, porque pensaba que su país merecía un destino diferente al que le había dado el régimen del militar Musharraff, usurpador del poder que trataba de lograr legitimidad en una elección que aparentemente tenía perdida.
Evidentemente no hay límites para la maldad en el mundo ni para la capacidad de actuar de quienes esgrimen la razón de las armas contra la razón de la inteligencia. Es un día de luto para cualquier persona que crea en la democracia y en desterrar el uso de la fuerza. Pero también es un día que puede marcar un hito en la historia, porque seguramente que la convulsión que ha de generar ese crimen será de imprevisibles consecuencias para esa región y el mundo empezó a sentir los efectos hoy mismo con un aumento al petróleo que es reflejo de la preocupación por la volatilidad de toda esa zona.