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Quiero romper las cadenas de egoísmo que sujetan mi corazón para que hallándose libre de su prisión pueda nacer de nuevo al amor y a la bondad.
Quiero oídos nuevos que no escuchen la voz que me dice que sólo me vea a mí, que lo busque todo para mí y que viva sólo para mí. Oídos dispuestos a escuchar a los demás para aceptar sus opiniones y respetar sus creencias, quiero dialogar y dejarme conducir.
Quiero ojos nuevos que sólo vean la bondad de la vida, que como a través de un cristal purificador pueda apreciar las cosas buenas de las demás personas.
Quiero una boca nueva que sólo hable cuando es debido, que pregone alabanzas y calle censuras venenosas.
Quiero manos nuevas que estén siempre abiertas para dar y recibir; que no exista en ellas la mancha del daño provocado a un hermano.
Ya no quiero más seguir viviendo esta vida egoí¬sta, quiero aprender a querer a los demás, a comprender que cada quien tiene derecho a un lugar en la sociedad.
Estoy cansado de mí, de mi cara, de mi cuerpo, de mis sentimientos, quiero servir para algo, quiero vivir para los demás, quiero nacer de nuevo!
El hombre bueno es malo, si sólo es
bueno para sí mismo.