Sin duda alguna, el período del mes de diciembre previo y posterior al día de Navidad, es una época muy hermosa, pues hasta los hombres y mujeres de corazón más duro parecen ablandarse dando paso a un torrente de ilusiones, esperanzas y buenos deseos para el prójimo.
En la realidad guatemalteca, el verdadero espíritu de la Navidad, o sea el nacimiento de Jesús de Nazaret que se celebra el 25 de diciembre, se ha venido trastocando en los últimos tiempos como consecuencia de la corriente avasalladora de la publicidad y el desenfrenado consumismo. Muchos se endeudan hasta niveles inconcebibles al extremo que en el mes de enero comienzan a prestar dinero a los vecinos o a los amigos para hacer frente a los gastos del inicio del nuevo año, especialmente las inscripciones en las escuelas o colegios y la consiguiente compra de útiles escolares.
En vez de regocijarnos con el nacimiento del Príncipe de la Paz, permitiendo que Su espíritu de esperanza y amor se posesione de cada corazón, lo que hacemos es fomentar la comercialización de esta fecha con festejos en los cuales abunda el derroche de licor y la compra de regalos carísimos, olvidando la atmósfera de humildad y sencillez del pesebre en que se produjo el advenimiento del Hijo de Dios.
En ese contexto de tergiversación, tiene un particular significado el mensaje que el Arzobispo Metropolitano de Guatemala, Cardenal Rodolfo Quezada Toruño, pronunció el domingo en su homilía durante la misa de la iglesia Catedral de la capital de Guatemala, exhortando a los guatemaltecos y guatemaltecas a pasar la Navidad en familia, con Jesús, en oración, en forma austera preocupándonos de los que no tienen nada.
Al mismo tiempo hizo un llamado en tal forma que en lugar de gastarse todo el dinero para sí mismo, se pudiera ayudar a una obra buena, a los hospitales, a los asilos de ancianos, o a los hogares de niños.
Ojalá las palabras del señor Arzobispo pudieran ser atendidas a efecto de retomar el camino del verdadero espíritu de la Navidad, de manera que sea posible recuperar la fortaleza, valor y sabiduría, con los pasos hacia la construcción de una sociedad de respeto a nuestros semejantes, desterrando para siempre toda manifestación de violencia.
Guatemala se encuentra en una encrucijada, pues cada día crece el fenómeno de la delincuencia, debilitando los esfuerzos en favor de la consolidación de la democracia y el Estado de Derecho. Todos los días se producen atrocidades en contra de los derechos humanos cerrando las puertas para poder vivir como seres civilizados. El espectáculo no es edificante, pues pareciera que la sociedad se está derrumbando en un escenario en el cual la justicia es una utopía.