Curso básico de injusticia.


«Este mundo, que ofrece el banquete a todos y cierra la puerta en la narices de tantos es, al mismo tiempo, igualador y desigual: igualador en las ideas y en las costumbres que impone, y desigual en las oportunidades que brinda». Eduardo Galeano, Curso básico de injusticia.

Gerson Ortiz
lahora@lahora.com.gt

Esta semana llamó mucho la atención la aprobación instantánea de un documento que reforma la Ley de Servicio Civil del Organismo Legislativo. Noventa parlamentarios, no reelectos, se sacaron de la manga la última carta de su perí­odo legislativo en un acto que no sólo habla del descaro que los enviste, sino de los estragos en los que se encuentra el sistema polí­tico nacional.

De no ser por la moción sorpresiva con la que los diputados se auto recetaban una indemnización, el martes 27 de noviembre de 2007 hubiese pasado a la historia nacional porque un gran número de «trabajadores» del Congreso permanecieron ahí­ por más de ocho horas.

La decisión de los más de 90 diputados refleja no sólo una simple actitud descarada y sin vergí¼enza, sino la poco cultura que poseen los más altos funcionarios de Estado respecto al trabajo que desempeñan.

Es obvio que ni uno solo de los parlamentarios que aprobaron, de urgencia nacional, esta reforma, pensó en aquellos que con menos de ocho quetzales al dí­a, descalzos, sin educación, sin servicios básicos de salud y sin nada, fue a votar por el partido polí­tico que mejor les vendió un plan de gobierno en las elecciones de hace cuatro años.

Hablamos de que cada diputado, gana Q 9 mil quinientos mensuales, monto sobre el cual se calcula la indemnización. Los congresistas «menos favorecidos» podrí­an recibir hasta Q 38 mil de indemnización, y los más antiguos Q 95 mil, a grandes rasgos el pago el desembolso es de mucho más de Q 3 millones, los cuales jamás fueron, por iniciativa de los mismos, asignados para lo mí­nimo en alguno de los grandes problemas que mantienen a Guatemala en la miseria.

Lo anterior también llama la atención desde la perspectiva que el sistema «democrático» de Guatemala no permite que los ciudadanos elijan de manera directa a una persona para que ocupe una curul en el Congreso, por lo tanto, es prácticamente una cuestión de suerte que el electorado pueda ser representado en el parlamento. Lo anterior llama la atención de los magistrados del Tribunal Supremo Electoral, para que tomen medidas en el asunto, pues el sistema «democrático» no es funcional.

No será suficiente con las sanciones, coyunturales, desde los partidos o interponer recursos de inconstitucionalidad para revertir esta falta, es necesaria una acción legal permanente que impida que los pseudolegisladores y todos los funcionarios públicos, dejen de actuar en beneficio personal, pues se multa esta falta pero, nadie menciona la gran cantidad de leyes que los mismos personajes dejaron en el tintero.