Los Presidentes de la Apertura Democrática (Tercera parte)


En 1985 Serrano compitió la primera vez por la presidencia y quedó en cuarto lugar, ganarle a Vinicio Cerezo o superar a Jorge Carpio en ese momento para poder entrar a la segunda vuelta era una misión imposible.

Mario Castejón

Previo a las elecciones de 1990 Serrano se anunciaba como el estadista maduro que necesitaba el paí­s. Pocos meses antes de la primera vuelta tuvo un ascenso vertiginoso en las preferencias. Un diálogo televisado con el presidente Cerezo en el que le señaló su mal gobierno recibió el aplauso de la gente. Personalmente no creo que el diálogo haya sido preparado para favorecerlo, fue un golpe de suerte, un loteriazo que lo lanzó a quedar en segundo lugar detrás de Jorge Carpio en la primera vuelta y luego a derrotarlo en la segunda.

Hablé con Serrano en su despacho en 1993 poco antes de su caí­da, yo intentaba gestionar ante el Procurador de Justicia en Washington, la obtención de unas cuentas bancarias en Estados Unidos relacionadas con el caso de la compra fraudulenta de los helicópteros Sikorsky. Se negó diciendo que aquello se convertirí­a en un asunto de Estado y luego como corolario salieron a flote otras razones mencionando las presiones a que estaba sometido. Habló de los diputados diciendo que eran unos desvergonzados, que lo habí­an obligado a tomar de «sus confidenciales» para mandar a curar a sus hijos fuera y terminó refiriéndose a otros escándalos que éstos protagonizaban.

Nunca nos volvimos a ver y luego en junio de ese año 1993 le notificaron sus jefes militares que tení­a que irse, el autogolpe al disolver los Organismos de Estado no habí­a cuajado. En Perú lo habí­a logrado Fujimori, cuando aún gozaba de prestigio y apoyo popular, pero éste no era el caso de Serrano, el «affaire» de la «sopa de cebolla», la ostentación que hací­a de su poder, la secreta negociación con Belice y algunos enemigos poderosos lo perdieron. El pueblo no lo apoyó para nada, Serrano era un hombre imperial, le gustaba hablar de los pobres y de la pobreza existente en Guatemala, pero no practicaba con el ejemplo, para él la grandeza de un estadista era ostentación, era tener una casa en Rí­o Dulce y salir a pasear en su Wave Runner con los poderosos.

La salida de Serrano abrió las puertas sorpresivamente a Ramiro de León Carpio, quien planeaba llegar a la Presidencia años más tarde, pero en polí­tica todo es fluido como el agua, el llamado por lógica a suceder a Serrano en la siguiente elección era su primo Jorge Carpio, el incidente de Serrano lo cambió todo.

Ramiro jugó sus cartas con precisión y no dejó pasar la oportunidad, se movió en el cí­rculo en donde se estaban tomando las decisiones durante el serranazo, tení­a buen nombre y para el grupo de empresarios y militares detrás de la sucesión así­ como para los dirigentes populares era una buena carta, el resto lo harí­a el congreso debidamente alineado.

El Gobierno de Ramiro de León duró dos años y medio, durante ese perí­odo el paí­s estuvo más tranquilo y el Ejército seguí­a la lí­nea de las conversaciones de paz a través de la ruta abierta por la comunidad internacional; no hubo mayores cambios en la agenda económica ni tampoco en lo social, en lo polí­tico se realizó una depuración del Congreso que sacó del ruedo a algunos diputados ligados a la corrupción.

Fue un polí­tico con suerte pero también habilidoso, evitaba los enfrentamientos y su caracterí­stica de hombre tranquilo hizo que sus detractores lo acusaran de falto de carácter, yo no lo creo así­, era más bien que su personalidad no era confrontativa, demostró su valor cuando eludió a la policí­a que le tendió un cerco tras el golpe de Serrano.

Ramiro De León Carpio era popular y sin duda entre los presidentes de nuestra historia goza de una buena calificación, terminó su perí­odo el 14 de enero de 1996.