La vida de Ernesto Neto Capuano es parte de la historia política de Guatemala. Su aporte básico ha sido su entrañable conducta como un ser humano solidario y de gran ejemplo moral. En él hay sensibilidad estética e identidad cultural con su pueblo. Estos factores explican su apoyo al exilio latinoamericano para lograr su documentación en México, realizado sin cobrar honorarios pues el alma de Neto se encuentra llena de un gran humanismo.
El pasado 20 de noviembre Neto cumplió 93 años -coincide su nacimiento con el inicio de la Revolución Mexicana- de progresiva evolución ideológica pues siempre ha estado presente con su pensamiento progresista. Lo impulsó desde temprana edad cuando recorría las calles de su barrio en la calle Morazán de Quetzaltenango y asistía al Instituto América, dirigido por el maestro Ernesto Cabrera y con profesores como Santos Carrera. Ambos hacían esfuerzos para lograr una educación fuera del contexto tradicional. Un tema poco atendido en las iniciales décadas de 1900 en Guatemala.
Neto logró superar imposiciones de tipo cultural y la implicación de este hecho se encuentra en la dedicación otorgada a diferentes lecturas. En sus años de estudiante en el Instituto Nacional para Varones de Occidente (INVO), acudía a comprar novelas y textos marxistas en la librería Cifuentes de Quetzaltenango. Su dirección, señala Carlos Navarrete, era «en la bajadita, cerca del teatro en el parque central». Este hecho se explica por qué Quetzaltenango -la Xelajú de siempre- fue denominada durante esa época como la Atenas de Centroamérica. Incluso, llegó a establecerse una sucursal del periódico El Unionista, donde se podían leer artículos contra la dictadura de Manuel Estrada.
Acudir a la librería Cifuentes significaba encontrar a lectores como Rubén Darío o Porfirio Barbajacob, entre otros, y compartir imaginación, ritmo y organización lineal, a través de la palabra y pintura de Carlos Mérida, también asiduo visitante de la librería. Fue entre revistas y libros, la gran mayoría provenientes de México, donde Neto estableció relación de amistad con Humberto Molina y Jacobo Sánchez. Hombres de izquierda comprometidos con el desarrollo histórico de su país. Como producto de esas tertulias, en la gran mayoría de ocasiones salpicadas con licor dulce de Salcajá, decidieron escribir artículos para la revista Nosotros. Sin complicaciones retóricas ni sutilezas. Neto siempre ha sido un gran lector y puede afirmarse que para él los libros son receptáculos de la memoria y creatividad humana.
Es en ese contexto donde se desarrolla el pensamiento democrático de Neto, inmerso en un marco constitucional donde la justicia es equilibrio entre las partes al colocar sin ninguna distinción a hombres y mujeres para garantizarles derechos individuales como la libertad, libre asociación y expresión sin ningún impedimento. Las lecturas de Neto originaron planteamientos para lograr el impulso a derechos colectivos donde se ubican la cultura, identidad, libre determinación, etcétera, y la satisfacción para guatemaltecos y guatemaltecas de necesidades básicas como educación, trabajo, alimentación, salud y recreación.
Sus padres -José Capuano y Emanuela del Vecchio- fueron parte de la emigración italiana en Guatemala y propietarios de la finca Nueva Italia: «café, caña y un poco de ganado», señala Neto. Después de venderla se dirigieron a la capital guatemalteca donde Neto -joven de 18 años- ingresó a la Facultad de Derecho de la tricentenaria Universidad de San Carlos de Guatemala -nacional y autónoma-, institución vinculada al impulso de los fundamentos del Estado moderno guatemalteco. Neto tuvo la oportunidad de compartir una destacada relación con estudiantes que habían participado derrocando la dictadura de Estrada Cabrera, y otros con quienes mantendrá iguales opiniones académicas, sociales y políticas para, posteriormente, enfrentar la dictadura del general Jorge Ubico. Destacan algunos nombres como Antonio Reyes Cardona, José (Pepe) Hernández Cobos y Carlos Palma.
El desarrollo de la dictadura del general Ubico colocó a Neto como un joven rebelde consciente del papel negativo de los sectores económicos en el poder y se opuso a ellos. Su acción no fue desesperada; por el contrario, la llevó a cabo en forma racional, con lealtad a su país y con dignidad. Nadie calló su voz pues estaba al lado de la gente sin alfabeto y actuando para impedir la discriminación en contra de cualquier guatemalteco o guatemalteca. Por esta situación, Neto enfrentó un primer exilio. Se había trasladado a México para participar en el Congreso contra la guerra y el fascismo, invitado por la Central de Trabajadores de México (CTM), dirigida en esa etapa por Vicente Lombardo Toledano, y ya no pudo regresar. La implicación inmediata de esta situación fue no graduarse en la universidad guatemalteca y concluir sus estudios de abogado en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde presentó su tesis Evolución de la antropología criminal.
La capacidad intelectual de Lombardo Toledano y su apoyo al exilio guatemalteco, serán ejes de especial relevancia en la vida de Neto. Mantuvo con Lombardo un estrecho vínculo político y cultivó durante muchos años una relación de amistad la cual se fortaleció con el tiempo. Ambos coincidieron en planteamientos de política expresados con mutuo respeto (Continuará).