Si esas son las ví­speras, ¿cómo serán las fiestas?


No bien resultó electo don ílvaro Colom, el abogado Héctor Trujillo corrió a activar la demanda de orden penal interpuesta en la Sala Cuarta de la Corte de Apelaciones contra el diputado Francisco Morales Chávez, al que se acusa de «haber causado ofensas graves al honor contra Colom, Sandra de Colom, su familia y la UNE».

Marco Tulio Trejo Paiz

Morales Chávez fue miembro activo de la mencionada agrupación polí­tica (UNE) y la estuvo representando durante algún tiempo en la bancada del Congreso de la República, pero un dí­a de tantos dejó las filas del partido de Colom y, en la recién pasada campaña electoral, lanzó algunos «piropos» al adalid de la UNE, por lo cual ha sido puesto en manos de la «justicia»?

La ley de emisión del pensamiento (decreto número 9 de la Asamblea Constituyente de la República de Guatemala) estatuye en el artí­culo 35, capí­tulo II, que «no constituyen delito de calumnia o injuria los ataques a funcionarios o empleados públicos por actos puramente oficiales en el ejercicio de sus cargos aun cuando hayan cesado en dichos cargos al momento de hacérseles alguna imputación».

Colom fue burócrata en uno de los regí­menes de los últimos tiempos y, sí­ incurrió en responsabilidad legal en el ejercicio de la respectiva posición que se le confió, pues? no hay razón para que actúe como lo está haciendo con el auxilio del abogado Trujillo, al menos en cuanto a las sindicaciones hechas contra su persona.

Todo funcionario público o cualesquier otros ciudadanos (o ciudadanas) que ostenten ese «apellido» (público), sobre todo si transitan en los andurriales de la politiquerí­a, deben estar concientes de que se hallan expuestos a ser blanco de las andanadas como las de referencia.

Y como Colom ha ocupado chambas burocráticas y es, por añadidura, un viejo militante en los pedregosos terrenos de la politiquerí­a, no sólo no debe extrañar las «flores» muy morales de Morales Chávez, sino también aguantar retopadas de cualesquier otros ciudadanos.

Así­ que, tanto ciertas mujeres como los funcionarios y los ex funcionarios gubernamentales son «públicos» y, por consiguiente, deben saber que pueden ser exhibidos de cuerpo entero en el banquillo de los indiciados. ¡Ni qué dudarlo!

Ya se sabe que en polí­tica, al igual que en un jarrito, todo cabe sabiéndolo acomodar? Serí­a del caso aconsejar a quienes no estén dispuestos a correr riesgos en la polí­tica partidista y en cualesquier otros campos de actividad, que mejor permanezcan ilapsos en sus casitas, cuidando de sus esposas, de sus hijos, de sus canes, de sus gatos, etcétera?

El primer mandatario que, salvo los imponderables, tendremos en nuestro solar a partir del 14 de enero del 2008, o sea don ílvaro Colom, debe ser tolerante, como tolerantes o muy tolerantes fueron con él los que estuvieron empuñando las riendas del poder cuando él, en la llanura que no da mucha llenura a los ambiciosos de treparse al guayabal, suspiraba por entronizarse en el palacio verde-esperanza y, a la vez, les tiraba «bellas flores» más o menos como las que le ha echado Morales Chávez.

Consideramos que don ílvaro, tan quisquilloso estos dí­as de triunfalismo, debe ir olvidando por los siglos de los siglos las cosas en cuestión por ser de puro sabor polí­tico o (politiquero). Lo que procede, para evitar muchos «ires, venires y decires» respecto de lo que se ventila en los dominios de los juzgadores, así­ como toda una serie de comentarios en los diversos cí­rculos de la llamada opinión pública es ?y sobre la marcha? un acto de carácter conciliatorio, o bien dejar que las aguas de la justicia sigan corriendo y que las cosas se resuelvan bajo la égida de la libertad de expresión y de prensa, por lo menos en parte, porque el malicioso Juan Pueblo ya está diciendo que, si así­ son las ví­speras, ¿cómo serán las fiestas?

Colom y Morales Chávez, como buenos polí­ticos que son, deben dar buena expresión a la sindéresis y a la tolerancia, para luego bajar el telón tras darse un abrazo de compañeros de ruta?