Violencia contra la mujer, un problema de todos


Ser mujer se convierte en una condición de desventaja social para nosotras, algunas aún consideran que esto no es tan cierto; ya que en sus vidas algunas mujeres sienten que han tenido muchas ventajas, éxitos y la vida les ha proporcionado sus expectativas. Sin embargo estas mujeres constituyen una minorí­a y la mayor parte de veces, se han encontrado con un gran resguardo social que les impide ver y sentir la discriminación de la cual se es objeto. O simplemente no han tenido las herramientas necesarias para poder dilucidar esta problemática, debido a que se encuentran introducidas en estereotipos de género que les imposibilitan analizar y conceptualizar sus vidas de manera propia.

Dra. Ana Cristina Morales Modenesi
crismodenesi@gmail.com

Estar en desventaja social implica que nuestro rol en el mundo es de carácter más difí­cil; ya que con frecuencia se suele ser descalificada, no escuchada, no creí­da. Se nos niega aún el derecho de definir un lugar personal dentro de la existencia humana.

Muchas veces otros actores consideran que tienen que tomar nuestras decisiones; algunos refieren que nuestro intelecto no es muy bueno, que solemos manipular al mundo a través de nuestras lágrimas. Y en el peor de los casos, también recibimos ofensas no sólo verbales, emocionales, sino agresiones que atañen a nuestra integridad fí­sica, emocional y social.

Mujeres trabajadoras refieren que son tratadas de manera distinta en sus trabajos; algunas veces acosadas sexualmente, intimidadas, excluidas, recibiendo gritos y amenazas, entre otros hechos.

Dentro de las relaciones de pareja la situación no es muy distinta; los hombres les aí­slan de sus familias, amistades, las celan, les dicen qué ropa pueden o no pueden usar, que si se portan bien pueden obtener el dinero que usualmente reciben por parte de ellos. De lo contrario, se las miran a cuadritos teniendo que ver cómo se hacen los pagos mensuales de casa, agua, luz, teléfono, colegios, comida, transporte, etc.

Al salir a la calle se sabe que hay riesgos, cualquiera puede decirnos «piropos» ofensivos, o creer que pueden tocar nuestro cuerpo. Muchos hombres sienten que tienen derecho a hacerlo y que inclusive cuando lo hacen, nosotras lo disfrutamos. Podemos ser violadas sexualmente desde recién nacidas hasta la edad que tengamos, aún si tuviéramos 100 años o más; y, después de todo ello, somos culpabilizadas y avergonzadas por haber sido violentadas. La explicación común es que «somos nosotras las que nos lo buscamos».

Todas las conductas violentas dirigidas contra la mujer, se han de explicar desde la conducta misógina social derivada del patriarcado. El hombre que arremete contra una mujer lo hace para sentirse grande, poderoso, inteligente. Por otro lado, sus actos violentos buscan la obediencia por parte de la pareja, considerándose una gran falta para su honor de hombre el que ella pueda tomar decisiones por sí­ misma. No importa si el nivel socio-económico y educativo del hombre está muy por debajo de la mujer. Cualquier hombre agresor considera que tiene «derecho de hombre» de violentar a la mujer que él disponga. Es por ello que el problema de la violencia contra la mujer, es en esencia un problema social. Mientras continúe siendo agredida cualquier mujer por el simple hecho de ser mujer, de manera indirecta estamos siendo agredidas todas.

Esto no significa que seamos ví­ctimas ante la vida, pero sí­ ante el sistema legal que no ofrece mecanismos de protección adecuados. Igualmente de la sociedad y la cultura misógina prevaleciente. A la mujer le es distintiva su fortaleza ante las circunstancias injustas y a veces muy dolorosas que le toca vivir. Esta caracterí­stica no la desvincula de su feminidad, sino más bien, la convierte en alguien más congruente con su vida y con el orgullo de sentirse mujer, a pesar de los pesares.

Este artí­culo no desea descalificar a todos los hombres que se encuentran en un esfuerzo por construir una nueva masculinidad, que contribuya con aportes significativos en la búsqueda de la equidad de género.

También se considera que, nosotras, las mujeres hemos de trabajar para liberarnos de estereotipos culturales que perpetúan nuestra propia discriminación social.

Sin embargo, el problema de la violencia dirigida contra la mujer continúa siendo una condición grave en la cual es necesario que nosotras las mujeres desarrollemos lazos de fraternidad, solidaridad y la articulación de alianzas estratégicas en la lucha por nuestros derechos integrales.