El presupuesto nos marca la ruta


Pocos documentos públicos son tan ilustrativos sobre el curso de un gobierno como el Presupuesto General de la Nación, porque bien se podrí­a decir que dime cómo gastas y te diré cómo gobiernas. En la campaña dije que ninguna de las opciones polí­ticas representaba un gran cambio y que mi opinión era que se trataba de propuestas para tener más de lo mismo y ahora que veo la forma en que se ha emitido el dictamen sobre el Presupuesto en el Congreso se acrecientan mis temores de que vayamos en la ruta de consolidar una forma de gobierno que es para atender la coyuntura y sin entrarle a los grandes desafí­os.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Sobre todo en este primer presupuesto porque todos sabemos que lo que no se hace en el primer año, cuando se goza de popularidad y respaldo de la población, es muy difí­cil hacerlo después cuando empieza a perderse poder de convocatoria y fuerza para impulsar grandes transformaciones.

Tal vez lo más preocupante de todo lo que he visto del Presupuesto es que en materia de seguridad y justicia no sólo no habrá una inversión vigorosa, sino que en algunos casos hasta se reduce. Pero lo que no sólo preocupa sino indigna es que el partido del nuevo gobierno proponga un dictamen en el que avala y consolida el uso de los fideicomisos como instrumento para ejecutar el gasto público, cuando todos sabemos que si bien la Contralorí­a de Cuentas es una cacharpa inútil, por lo menos de manera formal está allí­ para auditar los gastos y en el caso de esos fondos que se manejan bajo la figura legal del fideicomiso se abre la puerta al manejo corrupto.

Cuando hace cuatro años se hablaba de los niveles de corrupción del gobierno de Portillo, dije que de nada serví­a tener esa percepción generalizada de lo grave que era el problema para el paí­s si no hací­amos algo para cambiar procedimientos. No se cambiaron, pero se eligió a un gobierno que ha gozado del beneficio de la duda, porque se les consideró honestos y transparentes y porque siendo hombres de negocios no roban sino que hacen lo que saben hacer, es decir, negocios que son sofisticados y que no tienen ese burdo impacto que tiene un robo como el que ocurrió en el Ministerio de Gobernación en el gobierno anterior.

Al leer que el Presidente de la Comisión de Finanzas, el diputado Baldizón a quien he considerado un buen legislador, dice que personalmente no avala el uso de los fideicomisos, pero que el próximo gobierno los utilizará únicamente como recurso extraordinario, digo que está hablando pajas, porque todos los han usado así­, como recurso extraordinario y lo hacen con proyectos que manejan cantidades millonarias y en las que no les interesa que exista una supervisión para auditar el manejo de los recursos públicos.

El uso de los fideicomisos fue un consejo de abogados como el que le dieron al gobierno de Arzú para jugarle la vuelta a la Constitución en el caso de la venta de la telefónica, es decir, una burda maniobra pensada por juristas ilustrados para pasarse las leyes nacionales por el arco del triunfo. Y consagrarlas para que en el próximo gobierno sigan haciendo lo mismo es simplemente ratificar que nada ha cambiado, que se eligió un gobierno que continuará con las mismas prácticas cuya virtud es no dejar huella de la corrupción.