Son interesantes e incluso apasionantes la política y muchas de sus incidencias de carácter comicial. Aludimos a la política, que es ciencia y arte a la vez, no propiamente a la politiquería partidista que anda volando bajo, muy bajo, en Guatemala; mas, no por eso, debemos soslayarla.
Quienes tenemos militancia en las filas de la prensa debemos ir al paso de los acontecimientos que generan noticias, con el propósito de rendir culto a la diosa actualidad y, así, el periodismo que se estila, lejos de ser trasnochado, puede merecer la aceptación de lo que se ha dado en llamar opinión pública.
Y continuemos con un tema específico. Las elecciones generales recién pasadas, entre algunas otras, siempre han hecho mucho ruido a priori y a posteriori y se han prestado a variadas especulaciones, algunas tendenciosas y truculentas.
Unos comentaristas (periodistas y otros ciudadanos) han externado opiniones en los medios de comunicación. Sus enfoques se han centrado, especialmente, en las causalidades del triunfo y de la derrota de los presidenciables, en particular.
A juicio nuestro, de periodistas y de simples ciudadanos rasos, hubo limpias y sucias jugadas dentro de las respectivas estrategias. Los izquierdistas recalcitrantes, de la era soviética dirían, con referencia a las jugarretas y recurriendo a un conocido estribillo, que «el fin justifica los medios».
A Colom lo favoreció la masa campesina e indígena (ambiente rural de occidente) que creyó en sus promesas de campaña proselitista (700,000 empleos, lucha contra la pobreza y la corrupción, mejores servicios de educación y de salud, incrementos salariales, seguir siendo fiel como «sacerdote maya», seguridad «con inteligencia», buenas relaciones con los «países amigos», trabajo de su esposa, señora Sandra Torres, entre tantos y tantos otros ofrecimientos.
A Pérez Molina lo favoreció más de una millonada de votos, el hecho de haber contribuido a restituir la institucionalidad democrática cuando se produjo la ruptura del orden constitucional en los últimos días del reinado de Serrano Elías; haber signado los famosos acuerdos de paz, su buena formación militar, su determinación de golpear a los corruptos, al crimen organizado, al narcotráfico y a todos los funestos individuos que han provocado la situación de inseguridad personal y patrimonial que tiene entre la espada y la pared a la sociedad (la cancioncita de batalla «Mano dura, cabeza y corazón» fue muy significativa y pegó en amplio sector del pueblo como la hiedra en el muro)?
Y, como piensan muchos guatemaltecos a los que les viene muy atmosférica la «epidemia» del partidismo politiquiento, no pocos lugares de la zona occidental de nuestro solar han sido salpicados con «Â´baba de araña», como diría el doctor Juan José Arévalo Bermejo (el mejor presidente de toda la historia patria), por los médicos cubano-castristas, considerados como la «punta de lanza» que, además de tratar dolencias de grupos de moradores del área rural de nuestro solar, cumplen una misión político-ideológica a favor de la causa de corte soviético que por conocida debemos callar, la cual, por cierto, ingenuamente han creído muchos, muchos que desapareció del mapa cuando Mijail Gorbachov desmanteló el sistema marxista-leninista-estalinista en las postrimerías de la pasada centuria.
Hay otros factores ?toda una serie? que favorecieron o perjudicaron a los presidenciables. Unos de ellos son: a) El crecimiento de la población capitalina, incluidos los barrancos y los lugares periféricos. La emigración de las provincias hacia nuestra principal metrópoli es constante, y los indígenas, entre otros connacionales de modesta condición social, son concitados para protestar aun contra los estornudos y plantear demandas respecto de cuestiones imposibles de atender, para luego, ya duchos y fogueados los dóciles «relajeros», provocar reacciones entre los núcleos comunitarios, al volver a los lugares de origen, a la mejor conveniencia de los lobos con piel de oveja que no se duermen en las cenizas; b) La correntada de millonadas «visibles e invisibles» para impulsar a los aspirantes al trono ?o a los tronos?; c) El entorpecimiento de los transportes mediante las alcaldadas de los líderes politicantes que están en la línea del afortunado personaje. d) La compra de conciencias entre los ciudadanos en general; e) El abstencionismo de más de la mitad del electorado; f) La proliferación de micropartidos, en vez de fundar y poner en acción a sólo dos o tres, a lo sumo, para cubrir las respectivas posiciones (la democrática, la «centrista» y la «antidemocrática» de los liberticidas y opresores del Caribe y del Sur)?
Bueno, nos hemos quedado cortos en cuanto a reflexiones sobre lo de pro y lo de contra de quienes se disputaron las cimas del poder público. Los lectores de LA HORA podrán emplear la lógica para llegar a conclusiones que puedan ser válidas.