La transición y el nuevo gobierno


Varios columnistas se han referido al proceso de transición, a las tareas pendientes, a las dificultades producto de las circunstancias internacionales y nacionales.

Juan Francisco Reyes López
jfrlguate@yahoo.com

«Suerte» es lo primero que deseo manifestarles a ílvaro Colom y Rafael Espada. Con ello nuevamente expreso lo dicho al presidente Ramiro de León Carpio el dí­a en que con nuestros votos quedó electo como Presidente. Para mí­ y para muchos es imposible felicitar a quienes después de una lucha democrática obtuvieron el mandato importante, procede reconocerles su triunfo y desearles por el bien de Guatemala que tengan éxito en su gestión.

La felicitación vendrá dentro de cuatro años y dependerá del ejercicio del gobierno. No podemos decir que con una elección ganaron todos porque, como en el caso del actual gobierno, el pueblo ganó «experiencia», sí­ ganaron quienes por detrás gobernaron y se otorgaron exoneraciones, privilegios y no pago de impuestos. El pueblo en su mayorí­a quedó más pobre, más inseguro, expuesto y más frustrado.

Hay esperanza que el gobierno electo se preocupará de todos los guatemaltecos, especialmente de quienes se encuentran en la pobreza y en la extrema pobreza, que votaron por la UNE; vaya que lo necesitamos.

La actual transición, por primera vez desde el inicio del proceso democrático, puede ser eso, el traslado ordenado, metódico y paulatino de la responsabilidad de gobernar. El mérito de la transición, inicialmente es de la Comisión que presidió el Tribunal Supremo Electoral y reformó la Ley Electoral y de Partidos Polí­ticos y del Congreso de la República que, aunque con lentitud y cambios que polí­ticamente los partidos consideraron convenientes, transformó y convirtió en obligación la elección general en primera vuelta para el mes de septiembre y a más tardar noviembre la segunda vuelta.

Esta reforma hace factible una transición de gobierno saliente a gobierno entrante, que permite el conocimiento de cómo se entrega y qué se entrega. Qué distinto es el ser electo el cuatro de noviembre y no el 26 de diciembre. El presidente Portillo y el suscrito ni siquiera fueron recibidos por el Presidente saliente ílvaro Arzú, sino hasta pocos dí­as antes del 14 de enero. Eso sí­, Mariano Rayo, que fungí­a como gerente de la Presidencia, se encargó de transferir o devolver todo el equipo de computación y fotocopiadoras a otras dependencias, de agotar y dejar a cero los fondos de la Presidencia, al extremo de dejar sin papel toilet los baños.

«Pasó la marabunta, se comieron los archivos, borraron los registros y memorias de las computadoras, no se sabí­a nada de nada. El colmo fue el mismo 14 de enero donde improcedentemente la Junta Directiva del Congreso saliente prolongó la primera parte de la sesión solemne durante varias horas, manteniendo a los visitantes extranjeros y a los invitados nacionales en el Teatro Nacional sin agua, sin pan y ni siquiera saber a qué hora se producirí­a la transmisión del mando presidencial.

Esto no es un reclamo, es solo un relato que nos avergonzó como paí­s, que nos obligó a nosotros, cuatro años después, a evitar ese procedimiento bochornoso, aunque el perí­odo de tiempo siguió siendo sumamente corto para realizar una adecuada transmisión de gobierno. Hoy no puede existir el argumento, ni la razón de sabotear una verdadera transmisión de mando que evite que el paí­s sea entregado en blanco porque independientemente del motivo o de la afinidad que pueda lograrse entre gobierno saliente y gobierno entrante, Guatemala debe estar primero.