Necesitamos ministros/as identificados/as con el pueblo


Las facturas polí­ticas que los gobernantes electos deben de pagar a los financistas de sus campañas, los han llevado a dejarse imponer funcionarios de toda categorí­a, e incluso, a cambiarlos cuando se avistó en sus polí­ticas de trabajo algún rasgo de proyección social. Lo anterior lo decimos porque la mayorí­a de personas integrantes de los anteriores gabinetes presidenciales pertenecen a estratos económicos altos, que de una u otra forma buscaron resguardar los intereses de la «clase dominante» en Guatemala.

Fernando Mollinedo

Las últimas cinco administraciones gubernamentales, se distinguieron por contar entre sus funcionarios/as a personas que sin capacidad alguna o experiencia en la materia, ejercieron trabajos muy delicados al frente de ministerios que requerí­an conocimientos especí­ficos, sin embargo, no fue así­ y a pesar de las protestas fueron mantenidos como tales sin importar su carencia de idoneidad para el efecto.

En el caso del Ministerio de Educación, los anteriores gobiernos nombraron a personas que en términos generales desconocieron el tema educativo y quienes a su vez, se «asesoraron» con personas que, aunque trabajando para el Ministerio de Educación, no tení­an la experiencia ni capacidad para tomar decisiones trascendentales para la niñez y juventud guatemalteca.

Doctores en medicina, abogados/as, administradores/as de empresas, doctores en comunicación, y hasta algunos ciudadanos españoles convertidos en «educadores» después de abandonar los hábitos religiosos, fueron los guí­as educativos del paí­s durante los últimos 20 años. También los hubo especialistas en la materia egresados de la Usac y de las universidades privadas, pero sus administraciones no tuvieron la trascendencia que ameritaba la responsabilidad del cargo ejercido.

Aunque algunos/as ministros/as hayan ejercido labores docentes en sus respectivas universidades, ello no les dio la capacidad de conocimiento de la realidad educativa nacional, es decir, que desconocieron la realidad de la educación oficial, en otras palabras, la dirigida por polí­ticas de proyección social. En el caso de los/as egresados/as de universidades privadas dirigieron la educación nacional con puntos de vista exclusivamente «paternalistas»; y los ministros egresados de la universidad nacional, se dejaron imponer normas de trabajo con carácter privativo, aplicaron planes y programas que fueron elaborados y/o diseñados por personas que desconocí­an el tema.

Se llegó al colmo de aplicar planes y programas educativos provenientes de Colombia, México, Costa Rica y Chile, lo cual causó profundo malestar en el sector magisterial, el cual, por cierto, no protestó dichas medidas en forma directa ni por medio de los ahora adalides sindicales.

Guatemala NECESITA HOY, UN MINISTRO IDENTIFICADO CON EL PUEBLO, que conozca de verdad la realidad nacional y tenga los valores y conocimientos necesarios para que la niñez y juventud de este paí­s asegure su futuro por medio de una educación práctica y eficaz que le permita por lo menos subsistir en esta sociedad capitalista y neocolonial.