Las características relevantes de los últimos tres cierres de gobierno: de Arzú a Portillo, de Portillo a Berger y de éste a Colom, tal los resultados electorales en su momento, están marcadas por el desencanto de la población. La principal diferencia de las transiciones de las primeras dos administraciones a la siguiente, respecto de la actual es el tiempo que ahora se tiene, gracias a la reforma a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, contenida en el Decreto 10-04. Ahora se tienen 74 días calendario para hacer del traspaso de gobierno, un proceso civilizado y de madurez.
Este tiempo también es aprovechable por el Presidente electo y su equipo inmediato. Al igual que en los últimos cambios de gobierno, el equipo del gobierno entrante se enfrenta a singulares desafíos. A ílvaro Colom le tocará asumir un importante papel frente a los ingentes problemas que habrá de encarar y buscarles la más adecuada respuesta. El alza de los combustibles y todas las repercusiones que se reflejan en el incremento de la canasta básica, la que probablemente será de momento paliada crisis del transporte colectivo, la incesante ola de criminalidad, la persistente impunidad, el marasmo burocrático, la incertidumbre por la estabilidad macroeconómica, son por mencionar algunos, parte de la problemática a resolver.
En este lapso ya se han mencionado nombres de aquellos que se irán incorporando al Gabinete del futuro gobierno. Diversos sectores han aplaudido algunos de los futuros nombramientos. Pero la sombra de la desesperación porque se alcance la «pureza» y la equidad en las designaciones transitan entre las positivas expectativas despertadas y el cortoplacismo que cuestiona la denominada «carencia de equipo». Un desafío que tiene relación directa con los excesos de búsqueda por «quedar bien», según sea la opinión de aquellos sectores que aún «no han sido tomados en cuenta».
Dentro de las positivas expectativas también están aquellas expresadas en el extranjero. La visión social y la búsqueda por alcanzar el desarrollo rural, la transformación de anquilosadas estructuras maliciosas, son entre otros los rasgos destacados bajo la égida que implica identificar al Presidente electo poseedor de convicciones socialdemócratas. Para los corifeos del individualismo disfrazado de nociones neoliberales, tal ubicación ideológica es un retroceso. Pero cuando vemos que el voraz mercado no se regula a sí mismo y que la cacareada ley de la «oferta-y-la-demanda» es una ironía que solo se aplica cuando éste, el mercado, se desenvuelve en Estados sólidos y fuertes, es valedero que seamos los que no compartimos esas falsas ideas de libertad, los que cuestionemos a quienes detractan una gestión gubernamental con rostro humano, tal el rasgo principal de la socialdemocracia que Colom a anunciado habrá de impulsar «con sabor a maíz».
El futuro gobierno, como probablemente lo fueron sus antecesores, abrazan la idea por impulsar iniciativas que puedan ser sostenibles más allá de los escasos cuatro años de su administración pública. Al igual que en el pasado, también UNE y sus integrantes sueñan con hacer un buen gobierno. Al igual que en el pasado se habrán de enfrentar a los enemigos de su visión. Y la lucha se habrá de librar, como en el pasado, en los medios de comunicación social y en el Congreso de la República. El tiempo, los aciertos y errores darán más razones a unos que a otros. Como en el pasado.
Los guatemaltecos, como los pueblos de los países en vías de desarrollo, tenemos, entre otros, el defecto de no poder trabajar en equipo. También somos propensos a las respuestas inmediatas, si no, no sirven. Somos exigentes para que otros cumplan sus obligaciones y habilidosos para evadir nuestras propias responsabilidades. Demandamos, pero no aportamos. Al consenso lo llamamos componenda. La discrepancia la calificamos como la incapacidad del otro de no reconocer que nosotros somos los poseedores de la verdad. Así somos.
Empero, los primeros signos por involucrar sectores diversos y altamente especializados es una señal en el sentido correcto por cambiar ese absurdo paradigma que nos ha envuelto secularmente. Las actitudes del Presidente electo a mi juicio se encaminan por el sendero que necesitamos en Guatemala. Es posible cambiar los resultados si hacemos cosas distintas y con buenas intenciones. í‰sta es la huella que está empezando a marcar Colom. No sólo hemos de aplaudirle los guatemaltecos de bien, sino además de ello aportar nuestras mejores iniciativas y comprometidos esfuerzos por hacer de nuestro país un suelo digno para todos. Así sea.